Un asunto real

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Título original: En kongelig affære
Duración: 2 hrs 20 mins
País: Dinamarca
Año: 2012
Director: Nikolaj Arcel
Guión: Nikolaj Arcel, Rasmus Heisterberg
Reparto: Alicia VikanderMikkel Boe Følsgaard, Mads Mikkelsen, Thomas W. Gabrielsson, Cyron MelvilleTrine Dyrholm, Bent MejdingDavid Dencik, Laura Bro, Søren Malling
Género: Drama.

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Mi puntuación:    7 / 10

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La última de las nominadas al premio a la ‘Mejor película de habla no inglesa’ que me faltaba por ver era este drama de época danés, basado en la novela Prinsesse af blodet de Bodil Steensen-Leth y dirigido por Nikolaj Arcel, que a lo largo del pasado año acumuló varias nominaciones y premios, entre los que destacan los dos Osos de Plata (mejor guión y actor principal) que ganó en el Festival de Berlín.

La cinta está ambientada a mediados del siglo XVIII, época de profundos cambios y auge de nuevas ideas en muchos países europeos, y su protagonista es la hija del Príncipe de Gales, Carolina Matilde de Gran Bretaña (interpretada por Alicia Vikander). Con tan solo 15 años acaba de contraer matrimonio con el Rey de Dinamarca y Noruega, Cristián VII (Mikkel Boe Følsgaard), sin haber tenido ocasión de conocerle previamente y sin haber pisado nunca el país nórdico. Al poco tiempo de comenzar su nueva vida es evidente que la convivencia entre ellos resulta insoportable, ya que él es un tipo inestable y más interesado en seguir con su disoluta vida que en tomar decisiones políticas; pero la entrada en escena de Johann Friedrich Struensee (Mads Mikkelsen), un doctor alemán de ideas progresistas que se pone a servicio del Rey tras ganarse su plena confianza, dará un vuelco no solo a la vida en Palacio, sino al propio país.

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Amor, política, celos, traiciones, manipulaciones, trapicheos… todo ello tiene cabida en esta más que interesante historia basada en hechos reales, bien escrita y que, a pesar de no ser muy original , no abusa de recursos tópicos y facilones. El problema es que resulta un tanto pesada, lastrada por una excesiva duración (140 minutos) y un ritmo demasiado pausado que hace que por momentos el aburrimiento se apodere del espectador, a pesar de que también tiene un buen número de escenas muy intensas y dramáticas. Es un hándicap importante que impide que sea una película tan destacable como sin duda podría haber sido con un metraje más ajustado.

Porque todo lo demás es ejemplar: desde la elegante fotografía al inmejorable diseño de vestuario, pasando por la sobria banda sonora y sin olvidarnos de la gran labor de un reparto repleto de caras para mí desconocidas, del que tan solo conocía al talentoso actor Mads Mikkelsen, sobre todo por sus buenos trabajos a las órdenes de Nicolas Winding Refn (el director de la magnífica Drive). En esta ocasión vuelve a dar toda una muestra de fuerza y contención a la vez, componiendo un personaje repleto de matices y dobles intenciones. No menos acertados están la guapa Alicia Vikander, que asume los momentos más dramáticos de la película de forma totalmente convincente, y sobre todo Mikkel Boe Følsgaard, que tiene que lidiar con un papel en el que fácilmente podría haber caído en la sobreactuación o la «caricatura», y que sin embargo saca adelante de forma creíble y apasionada. Merecido galardón el que se llevó en el pasado Festival de Berlín, como ya comenté al principio de la entrada.

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Teniendo en cuenta que por lo general los dramas de época suelen gustarme más bien poco y me da una pereza tremenda verlos (no sé muy bien por qué será, si por las vestimentas o por esa vida aristócrata con sus inevitables bailes de salón; pero ni siquiera títulos tan míticos como Las amistades peligrosas, La edad de la inocencia o Barry Lyndon me apasionan, aun reconociendo sus numerosas virtudes), lo cierto es que éste me ha gustado bastante. De hecho, si no compitiera con una cinta tan grande como Amor, sería mi favorita para llevarse el Oscar de su categoría. No es memorable pero creo que sí que merece la pena echarle un vistazo cuando llegue a nuestras pantallas el 1 de marzo.

—Unos dicen que estás envenenando al Rey para que se vuelva loco, y el resto habla sobre el malvado extranjero que está destruyendo el país. ¡No puede ser, se está propagando! ¡Deberíamos reinstaurar la censura!
—Hazlo.

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