La vida de Pi

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Título originalLife of Pi
Duración: 2 hrs 7 mins
País: Estados Unidos
Año: 2012
Director: Ang Lee
Guión: David Magee
Reparto: Suraj Sharma, Irrfan Khan, Rafe Spall, Adil Hussain, Tabu, Ayush Tandon, Gautam Belur, Vibish Sivakumar, Andrea Di Stefano, Gérard Depardieu, James Saito, Jun Naito
Género: Aventuras. Fantasía.

Web oficial: http://www.lifeofpimovie.com/

Mi puntuación:   8 / 10

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Trailer subtitulado en español:

A pesar de ser otro de los estrenos que más esperaba en esta recta final del año he ido a verla al cine con cierto recelo tras el fiasco que supuso para mí Bestias del sur salvaje, al estar las dos etiquetadas en la amplía y heterogénea categoría de ‘fantasía’. Por suerte esta vez he salido bastante contento a la calle y, aunque puede ser que dentro de varios meses solo la recuerde superficialmente, he pasado un muy buen rato viéndola.

La película empieza de manera algo floja, le cuesta coger ritmo mientras vemos como un Pi cuarentón (interpretado por Irrfan Khan) conversa con un escritor canadiense (Rafe Spall) interesado en su fantástica e increíble historia de cómo sobrevivió a la deriva en un bote salvavidas durante 227 días con la sola compañía de… ¡un tigre de Bengala! Se nos muestra la infancia del protagonista en la India, de forma un tanto rutinaria y sin gran interés, pero en cuanto él y su familia (que regentaba un zoológico) tienen que abandonar su país y cogen un barco rumbo a Canadá (llevando consigo casi todos los animales del zoo para venderlos en América), la cosa empieza a despegar, llegando a su punto álgido en el espectacular momento del naufragio. A partir de ahí nos mantiene enganchados sin remedio y los minutos pasan volando.

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En el fondo se trata de un cuento o una fábula que, como el propio Pi dice, podemos creernos o no, y que sirve de excusa para mostrarnos una lección de supervivencia muy distinta a la que pudimos ver recientemente en Lo imposible. Ambas películas son totalmente válidas y buenas a su manera, esta a base de aventuras e imaginación y aquella a golpes de realismo y drama puro y duro. Una vez finalizado el relato del protagonista, también vemos brevemente la versión que el joven indio tuvo que contar a los dueños del barco naufragado ya que estos no se creyeron la fantástica historia inicial. El director se ayuda de este pequeña artimañana para sembrar en nosotros la duda de cuál de las dos crónicas puede ser la verdadera, algo que a mí me ha parecido un acierto y me ha gustado bastante que se haya atrevido a «jugar» de esa forma con el espectador.

Con ese final se recalca aún más algo que está presente en todo el metraje: la cuestión de la fe. Pero no solo el hecho de creer o no un «algo» superior, llámese Dios, Alá, destino o como se quiera (tema que se trata en diversas ocasiones durante la cinta, sobre todo al principio), si no también en lo que ven tus propios ojos (véanse las alucinaciones que sufre Pi en algún momento debido a la soledad y al hambre) o en lo que te cuenta la gente que te cruzas en tu camino. ¿Qué historia de las que relata Pi nos resulta más creíble, la primera repleta de animales y cosas extraordinarias, o la segunda más cruda y humana? Probablemente esta última sea más factible, pero puede que nos guste más creer la primera porque es la que  estimula la imaginación y nos transporta a un mundo más fantástico y mejor que el «real».

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En cuanto a su apartado técnico, decir que está bien dirigida y que contiene imágenes y situaciones fascinantes es casi algo que sobra, ya se daba por hecho viendo el tráiler y sabiendo que Ang Lee (un tipo capaz de hacerte creer tanto una seca historia de vaqueros gays como una de artes marciales con espadas mágicas y «chinos» voladores) estaba detrás de ella. Hay momentos realmente mágicos y otros que son una auténtica delicia para los sentidos, en este aspecto hacía tiempo que no veía nada parecido, y los efectos especiales son una pasada. Aunque sí que es cierto que en varias ocasiones se nota demasiado que algunas escenas están pensadas para su versión en 3D y en 2D sobran, cantan bastante.

El recurso del flash back está más que justificado y bien empleado, y hasta la voz en off utilizada de vez en cuando queda perfecta. La música también es buena porque hace lo que debe, acompañar el espectáculo visual sin molestar lo más mínimo, y los actores (entre los que sorprende encontrar a un anecdótico pero gracioso Gérard Depardieu) cumplen aunque sin destacar en exceso. Salvo el joven protagonista, el debutante Suraj Sharma, que asume gran parte del peso de la película durante muchos minutos de forma muy destacable. Se podría hablar también del co-protagonista, el tigre de Bengala Richard Parker (nombre debido a una simpática historia que nos cuentan al principio de la película), si no fuera porque está totalmente generado por ordenador, claro. Algo que puede restar un poco de tensión y emoción a lo que estamos viendo al eliminar el factor de «peligrosidad» del rodaje, pero que está tan bien logrado que si desconoces este dato puedes llegar a creer que se trata de un tigre de verdad (yo sí he creído en algunas escenas que se trataba de un animal real y lo reconozco, soy así de iluso).

Puede que no sea la película del año, de hecho aquí ya he comentado 2 o 3 que me parecen superiores, pero es una más que recomendable propuesta para pasar un buen rato, evadirse de todo y dejarse llevar por lo que estamos viendo. Un ejercicio de fantasía e imaginación sin muchas más pretensiones que entretener, que es lo más importante que tiene que conseguir una película, y otra buena cinta de Ang Lee, que a saber con qué nos sorprende próximamente.

Prefiero que creas en algo, aunque yo no lo comparta en absoluto, a que creas en todo lo que te cuenten.

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