César debe morir

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Título original: Cesare deve morire
Duración: 1 hr 15 mins
País: Italia
Año: 2012
Directores: Paolo Taviani, Vittorio Taviani
Guión: Paolo Taviani, Vittorio Taviani
Reparto: Salvatore Striano, Giovanni Arcuri, Cosimo Rega, Antonio Frasca, Vincenzo Gallo, Juan Dario Bonetti, Fabio Cavalli, Maurilio Giaffreda, Fabio Rizzuto
Género: Drama.

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Mi puntuación:    8 / 10

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Trailer subtitulado en español:

Uno de los estrenos del próximo viernes es esta película italiana dirigida por los octogenarios (sí, habéis leído bien) hermanos Taviani que ya ha recogido diversos premios a lo largo de este año, entre los que destacan el Oso de Oro a la mejor película del Festival de Berlín o sus cinco galardones en los Donatello (los Goya del cine italiano), incluido el de mejor película. No sé en qué cines «comerciales» la pasarán, pero como mínimo podrá verse dicho día dentro del Festival de Cine Italiano de Madrid.

En ella se nos muestra como unos presos que están cumpliendo condenas larguísimas por crímenes graves se preparan para interpretar una obra de teatro basada en el Julio César de William Shakespeare. Lo primero que llama la atención en ella es que la mayoría de los actores son presos reales, algo que yo desconocía hasta la escena final ya que no había leído apenas nada sobre la cinta antes de verla. Esto dice mucho de la gran labor interpretativa que realizan y de la pasión que ponen a la hora de representar sus roles, resultando totalmente convincentes (no digo que todos sean perfectos, claro está). El hecho de que esté rodada en la prisión romana de Rebibbia aumenta más esa sensación de no saber si lo que estamos viendo es un documental o una ficción, y es que no es totalmente ni lo uno ni lo otro, ya que en dicha cárcel realmente existen talleres teatrales dirigidos por el propio Fabio Cavalli (en la película es el «actor» que hace de director, es decir, se interpreta a sí mismo).

Más allá de esta circunstancia, lo que me ha encantado de la película es ver todo el proceso de gestación de la obra teatral. Desde la genial escena del casting en la que los presos aspiran a obtener alguno de los papeles protagonistas, pasando por los ensayos y hasta la propia actuación final, todo lo que se respira en la película es teatro. O mejor dicho, lo que supone o significa la interpretación, el actuar, representar un papel. Vemos como los «actores» se van metiendo en las pieles de sus personajes, algunos de forma casi obsesiva, como el que va a interpretar a Bruto (un enorme Salvatore Striano, expresidiario metido a actor en la vida real, antiguo miembro de la Camorra napolitana detenido en Marbella en el año 2000). Y es que si el teatro o la actuación pueden suponer una gran vía de escape para personas que llevan una vida digamos «normal», podemos imaginarnos lo que supone para unos presos que ven lejos, muy lejos, el momento en que volverán a pisar la calle (si es que algún día lo hacen). Puede que sean los pocos momentos dentro de la prisión en los que realmente se sientan libres y sin ataduras.

Pero el hecho de estar metidos en otra piel también facilita que salgan a relucir viejas rencillas y cuentas pendientes entre los presidiarios, elevando el tono de las (supongo) habituales tensiones de cualquier rodaje. Otra muestra más de la fina línea que separa la ficción de la realidad, ya que en muchos momentos las historias de los presos se asemejan bastante a las de Julio César, Bruto y compañía.

La fotografía es en blanco y negro durante la mayor parte del metraje, siempre que nos muestran la fase previa y de preparación de la obra (el pasado), dejando el color para la propia representación teatral (el presente). Por otra parte, no he podido evitar recordar el Julio César de Jospeh L. Mankiewicz en algunos momentos, como en el discurso de Marco Antonio tras la muerte de César. Con ello no estoy comparando a Antonio Frasca (quien lo interpreta aquí) con Marlon Brando (que en aquella película estaba realmente espectacular), lógicamente, pero sí que digo que en cierta forma sus gestos se parecen.

Con una duración de apenas 1 hora y 15 minutos, es sin duda una película hecha para disfrutar y una especie de homenaje a los actores amateurs y el teatro. Y me ha dado la impresión de que con ella los directores no intentan juzgar si se debe dar o no una segunda oportunidad a capos mafiosos, asesinos o traficantes. Simplemente nos muestran algo que sucede en algunas prisiones y que quizás podría tomarse como ejemplo en otras, ya que desde luego no creo que haga mal a nadie.

Aunque una vez representada la obra teatral, todo volverá irremediablemente a la rutinaria normalidad de la vida presidiaria. Y como bien dice uno de los presos:

Desde que me familiaricé con el arte, esta celda se ha convertido en una prisión.

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