Perversidad

.

Título original: Scarlet Stret
Duración: 1 hr 43 mins
País: Estados Unidos
Año: 1945
Director: Fritz Lang
Guión: Dudley Nichols
Reparto: Edward G. Robinson, Joan Bennett, Dan Duryea, Rosalind Ivan, Margaret Lindsay, Charles Kemper, Jess Barker, Arthur Lotf, Russell Hicks
Género: Cine negro. Drama.

Mi puntuación:    8,5 / 10
.
.

Hasta ahora solo he escrito sobre películas actuales o recién estrenadas, así que ya va siendo hora de tocar el cine clásico. Lo haré comentando uno de los mejores ejemplos de buen cine negro, Perversidad, del prolífico director de origen austriaco Fritz Lang. Por cierto, esta es una de las pocas ocasiones en las que el título traducido me parece mucho más adecuado para la película que el original. Pero pasemos al asunto que nos ocupa.

La película contiene todos los ingredientes típicos del género: el protagonista atormentado, la femme fatale, el escenario urbano, el engaño y el crimen, la fotografía que juega con las luces y las sombras, etc. Pero lo que la diferencia y eleva por encima de la media son sus inolvidables personajes. Por un lado, tenemos a Chris Cross, un cajero cincuentón cuyo hobby es la pintura. Casado por no estar solo, como él mismo reconoce, con una mujer a la que no soporta y que incluso le somete en casa (vemos cómo apenas puede dar su opinión cuando ella habla o que él es quien realiza todas las tareas domésticas, cuando estamos hablando de los años 40), se siente tan poco querido que en cuanto una jovencita le da algo de cancha, se vuelve loco por ella. En su ceguera no ve que está siendo utilizado, llegando a actuar de forma verdaderamente patética en bastantes ocasiones. El espectador puede llegar a pensar que cómo no se da cuenta del engaño que está sufriendo, pero es que esto es algo que no está nada alejado de la realidad: no son pocas las veces que no entendemos cómo algunas personas hacen lo imposible por otras que no les quieren más que por el interés. Además podemos observar que en su enamoramiento se va transformando poco a poco en una persona «menos buena», capaz de mentir por su amada o incluso robar dinero en su empresa para poder complacerla.

Siempre he pensado que el «calzonazos» por antonomasia del cine es C.C. Baxter, el personaje que tan maravillosamente interpretaba Jack Lemmon en El apartamento. Pero la verdad es que este Chris Cross no se queda lejos de aquel en muchos momentos.

Edward G.Robinson da un recital interpretativo, en la que para mi es su mejor actuación de las que le he visto hasta ahora. Es capaz de transmitir auténtica lástima solo con el gesto de su cara y sin decir nada, representando soberbiamente a un hombre frágil y hundido. No son muchos los actores que expresan tanto sin necesidad de hablar o gesticular en exceso.

Por otra parte tenemos a Kitty March, una joven aspirante a actriz, muy bien interpretada por Joan Bennett. Atractiva, caprichosa, manipuladora, fría y egoísta, es la definición perfecta de la mujer fatal. Vemos cómo en todo momento utiliza y hace lo que quiere con Chris sin que este le importe lo más mínimo. Quizás al principio sean cosas de poca importancia, pero va subiendo el nivel progresivamente y cada día que pasa lo hace con menos remordimientos. Pero por su parte, esta arpía también está siendo manipulada por un tercero sin que se percate de ello, así que es víctima a la vez que verdugo. Aunque en este caso el espectador no creo que sienta ninguna lástima por ella, más bien al contrario (y esta me parece que es una de las claves de la película).

Ese tercer vértice del triángulo es John. Sabe que Kitty está enamorada de él (no queda nada claro si es algo recíproco), y por ello se aprovecha para coaccionarla y hacer que manipule a Chris en su propio beneficio. Él es quien guía realmente la mentira que Kitty va tejiendo en torno a Chris, por lo que si la actitud de la chica ya resultaba repugnante, la suya va aún más allá. Dan Duryea interpreta su papel con mucha soltura y carisma.

El guión puede resultar un tanto predecible, pero la historia se sigue con mucho interés y al final no deja ningún cabo suelto (aunque me sobra la última escena, el epílogo de «meses después…», porque me parece redundante e innecesario). Cuando concluye la cinta nos quedamos con un regusto amargo, pero más que por lo que hemos visto, por el debate moral que nos plantea: la mayoría de los espectadores podemos comprender e incluso justificar el crimen que hemos presenciado (no digo de qué se trata por no revelar el argumento), aún sabiendo que ética y legalmente es algo totalmente censurable y punible, y nos quedamos con la eterna duda de si nosotros haríamos lo mismo en el caso de enfrentarnos a una situación como la que se plantea aquí o si seríamos capaces de obrar bien. Creo que cualquiera que sea capaz de afirmar rotundamente que haría esto o lo otro, o bien (se) miente o bien no lo ha pensado fríamente.

¿Llorando? ¿Pero cómo puede haber un hombre tan tonto? Estoy riéndome en tu cara, he querido hacerlo desde el momento en que te conocí. ¡Eres viejo, feo y me pones enferma! ¡Enferma!

.

3 espectadores han dejado su opinión

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.