La casa de papel


Título original:
La casa de papel
País: 
España
Duración: 2 temporadas, 15 capítulos en total (70 mins. aprox. cada uno)
Año: 2017
Creador: Álex Pina
Directores: Jesús ColmenarAlex RodrigoAlejandro BazzanoMiguel Ángel VivasJavier Quintas
Reparto: Úrsula CorberóÁlvaro MorteItziar ItuñoPedro AlonsoMiguel HerránJaime Lorente, Paco TousAlba FloresDarko PericRoberto García RuizEsther AceboEnrique ArceFernando SotoJuan FernándezMaría PedrazaAnna GrasKiti MánverMiquel García BordaMario de la RosaClara AlvaradoFran MorcilloLuis BermejoAdelfa Calvo
Género: Thriller. Intriga. Crimen. Acción.
Mi puntuación:  7,5 / 10
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Trailer:

La casa de papel narra el espectacular atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre que minuciosamente ha ideado un inteligente tipo que se hace llamar ‘El Profesor’ (Álvaro Morte), quien pretende hacerse con 2.400 millones de euros y para ello ha reclutado a ocho delincuentes expertos en diversos ámbitos, que no se conocen entre sí y que preservan su anonimato utilizando sobrenombres de ciudades. Pero por muy bien hilado que pueda estar cualquier plan, con tanto dinero en juego y rehenes de por medio antes o después siempre surge algún imprevisto, como así termina sucediendo.

Ese es el argumento de partida de la serie española del momento, que ya dio mucho que hablar el año pasado en nuestro país al estrenarse en Antena 3 pero que tras su inclusión en el catálogo internacional de Netflix ha llevado su éxito más allá de nuestras fronteras este 2018. Es más, podría decirse que ha tenido más trascendencia fuera que dentro de España porque, mientras escribo estas líneas, tiene una nota de 8,8 en la prestigiosa IMDb con casi 33.000 votos, muchísimos más que los que tiene ninguna otra serie nacional en dicha web (por ejemplo, Las chicas del cable que también emite la misma Netflix apenas sobrepasa los 4.000), cuando en la española FilmAffinity su valoración, siendo también muy buena, es mucho más discreta, un 7,1 rondando los 4.000 votos.

Pero, ¿cómo puede tener tanta repercusión y estar tan bien considerada, no solo por el público sino también por buen parte de la crítica, una serie que está repleta de “fantasmadas” y efectismos, que presenta no pocas incongruencias en los comportamientos de sus protagonistas, que contiene algunos errores tan garrafales que difícilmente cometería un aficionado (por ejemplo una bochornosa secuencia en la que dos personajes hablan al lado de otro que ha muerto, mientras la cámara nos muestra ¡¡en primer plano!! la barriga del fallecido subiendo y bajando, es decir, respirando), que introduce en la trama no solo uno sino varios enamoramientos rocambolescos o que incluso recurre con cierta frecuencia a (semi)desnudos gratuitos?

Pues la respuesta es muy simple: porque es completamente adictiva, engancha como no lo ha hecho ninguna otra serie que yo haya visto últimamente, aunque fuera de mejor calidad técnica o narrativa que esta. Porque, pese a todo lo malo que ya he comentado, su premisa es francamente interesante y los guionistas la saben explotar, especialmente en los primeros capítulos y en lo que tiene que ver puramente con el robo. Cuando se adentra en el terreno del “thriller de atracos” es capaz de exponer un buen puñado de ideas ocurrentes y trabajadas, que logran sorprender y hacer que la tensión esté siempre presente en el espectador, aunque junto a esos brillantes giros también hay otros cuantos que son muy previsibles y otros que no hay por dónde cogerlos por inverosímiles. Pero en general, como thriller funciona y muy bien, siempre que no nos pasemos de exigentes o busquemos un realismo documental. Y también me gusta cómo se introduce la ideología política en la historia, aunque sea una visión muy simplista o incluso populista (robar al rico no es tan malo y enfrentarse al sistema es ser “la resistencia”, por resumirlo muy brevemente), pero al menos no se olvida en ningún momento que los protagonistas son delincuentes.

Aunque creo que hay algo que ha seducido a la mayoría de sus espectadores aún más que la propia trama del atraco: sus protagonistas. Es cierto que, como también he escrito antes, con el paso de los capítulos algunas de sus reacciones o evoluciones no son todo lo lógicas o coherentes que podrían haber sido y que, además, hay un exceso de historias de amor que terminan resultando un poco cansinas aparte de difíciles de creer, pero esto se compensa con el gran carisma que tienen casi todos los personajes, que asimismo conforman un amplio abanico de personalidades muy diversas por lo que es difícil no cogerle cariño a unos cuantos de ellos. Y más si los actores lo hacen en general tan bien como los de este reparto.

Empezando por ‘El Profesor’ (Álvaro Morte), con esa mente tan brillante y ese comportamiento tan educado pero también con multitud de defectos y aspectos “turbios”, siguiendo por la sufrida inspectora Raquel Murillo (Itziar Ituño), que siempre ha luchado contracorriente pero con coraje en su profesión y en su vida privada para acabar sucumbiendo en algo tan idealista como un amor imposible (aunque su historia romántica es de esas que me han acabado saturando por tantas idas y venidas), y terminando por todos los atracadores, de los que solo me ha sobrado la que precisamente es la principal protagonista y narradora del relato, Tokio (Úrsula Corberó), una chica para mi gusto cargante y sin nada que me haga empatizar con ella. Bueno, y quizás también Oslo (Roberto García Ruiz), porque es un mero armario empotrado que no ofrece a la historia más que su intimidante presencia. Pero del resto es difícil que me olvide en breve, ni de Nairobi (Alba Flores, hija del gran Antonio), que esconde muchísimo más coraje y responsabilidad en su interior de lo que podría parecer por su aspecto de choni; ni de Denver (Jaime Lorente), que también parece un macarrilla o poligonero al principio pero que demuestra ser un tipo noble y de buen corazón; ni de Moscú (Paco Tous), un hombre amable al que la vida ha maltratado siempre y cuya implicación en el atraco no responde solo a motivaciones económicas sino también ideológicas; ni de Helsinki (Darko Peric), una barbuda mole serbia que chapurrea español con gran ironía y que no es tan fiero como aparenta; ni de Río (Miguel Herrán), el atolondrado joven al que se le ve totalmente desubicado en semejante crimen; ni del que para mí es el mejor de la función, Berlín (Pedro Alonso), un tipo machista con pocos escrúpulos y ninguna empatía, tan narcisista que casi parece vivir en un mundo propio e irreal pero que también tiene ciertos códigos éticos a los que se aferra con firmeza. El “villano” perfecto pero con el contrapunto de tener un buen puñado de características admirables, un personaje al que el gallego Alonso logra sacar todo el jugo posible con una actuación para el recuerdo y que además tiene un final memorable.

A todo ello hay que sumarle una notable factura técnica, con una gran fotografía (ayudada en ocasiones por el llamativo color rojo de los monos de los atracadores) y un buen trabajo de dirección y montaje que, a pesar de cometer algunos fallos difícilmente perdonables a este nivel como el del ya mencionado “muerto que respira”, también es capaz de ofrecer no pocas escenas impactantes. Por su parte, al sonido de la serie, algo tan criticado en muchas producciones españolas por impedir a veces que se entiendan bien los diálogos de los actores, la única pega que se le puede poner aquí es que su banda sonora a veces se pase de “ruidosa”, aunque en general me ha gustado bastante (tanto que si tengo un rato escribiré sobre ella en la próxima entrada).

Puede que sea un producto “palomitero”, “hollywoodiense”, para “empalmados” o cualquier otro epíteto por el estilo, pero también es muy autoconsciente de ello y de lo que puede ofrecer y así logra interesar, sorprender, mantener en tensión, divertir y, en definitiva, entretener a lo grande hasta su excelente último capítulo. Y que además cuenta, al menos por ahora (espero que así se quede) con una virtud rara para estos tiempos: la de saber echar el freno antes de morir de éxito, sin alargar desmesuradamente su extensión por mucha repercusión y aplausos (y beneficios) que haya obtenido.

«Estoy haciendo una inyección de liquidez. Pero no a la banca como hizo el BCE, sino en la economía de este grupo de desgraciados que somos.» (El Profesor)

«¿Te has dado cuenta de que en las películas de miedo siempre sale uno al principio, así majete como tú, que dices “este huele a muerto”? Y luego no falla, siempre cae… pues créeme, tú hueles a muerto.» (Berlín)

«El amor es una buena razón… para que todas las cosas fallen.» (Tokio)

«No, no somos grandes, somos muy pequeños. Como puñeteros ratones que tienen que ir por la vida haciendo agujeros porque no tienen ni idea de hacer otra cosa.» (Moscú)

«A partir de ahora yo estoy al mando. ¡Empieza el matriarcado!» (Nairobi)

«En guerra, hombre cuida hombre.» (Helsinki)

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