La forma del agua


Título original: 
The shape of water
Duración: 1hr 59mins
País: Estados Unidos
Año: 2017
Director: Guillermo del Toro
Guión: Guillermo del ToroVanessa Taylor
Reparto: Sally HawkinsDoug JonesMichael ShannonRichard JenkinsOctavia SpencerMichael StuhlbargDavid HewlettLauren Lee SmithMartin RoachNick Searcy
Género: Romántico. Fantasía. Drama.
Mi puntuación:  6 / 10
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Tráiler (en versión original subtitulada):

Con la vitola de gran favorita para llevarse el premio a la mejor película y otro puñado de galardones en la próxima ceremonia de los Oscar aterrizó en nuestro país La forma del agua, que básicamente narra la historia de amor que surge entre una limpiadora muda (Sally Hawkins) que trabaja en un laboratorio estadounidense en la época de la Guerra Fría y un extraño ser mezcla de hombre y anfibio que está encerrado allí para ser objeto de varios experimentos científicos (Doug Jones).

Mira que me suele gustar el cine de Guillermo del Toro, sobre todo cuando mezcla con suma naturalidad fantasía y realismo. Y mira que esta cinta parecía ofrecer a priori exactamente eso. Además, no ha dejado de recibir grandes alabanzas casi unánimes por parte de críticos de todo el mundo (incluso el habitualmente demoledor Carlos Boyero se refiere a ella como obra maestra). Así que tenía unas ganas tremendas de verla, esperando que quizás fuera la película que salvase un 2017 cinéfilamente olvidable. Pero mi gozo en un pozo.

Empezaré por destacar sus puntos fuertes: una estética tan lograda e imaginativa como suele ser habitual en los trabajos del realizador mexicano, gracias en buena parte a la excelente fotografía de Dan Laustsen y en otra buena parte a la gran labor de ambientación de los años 60 (vestuario, decorados, etc., sin olvidar la acertada banda sonora de Alexandre Desplat que tan bien encaja en esa época), una hábil dirección que imprime buen ritmo a la historia logrando que no aburra ni se haga demasiado pesada y un trabajo actoral al que no se puede poner ningún pero, aunque destaca sobre todo la magnífica interpretación de la protagonista Sally Hawkins logrando que su personaje resulte tan entrañable que sea casi imposible que el público no empatice con él. 2017 fue un año magnífico para esta actriz, porque en Maudie también dio otro recital interpretativo, aunque bien es cierto que ambos papeles son de los que se prestan bien al lucimiento de quienes tienen que interpretarlos.

Todos esos elementos son más que suficientes para verla, con todas esas bondades no puede ser una película mala en absoluto. Y por supuesto que no lo es, pero tampoco me ha parecido nada extraordinario, y esto lo escribo olvidando mis grandes expectativas iniciales e intentando ser lo más objetivo posible. Para empezar, la historia de amor entre dos seres raros, distintos, marginados o como queráis llamarlo no ofrece nada que no hayamos visto ya muchas veces (La bella y la bestia es el ejemplo más recurrente) y contado de forma bastante más creíble en mi opinión. Porque vale que esto es una fantasía, pero es que no hay por dónde coger el ¿amor? que surge entre los dos protagonistas. Y no lo digo por el hecho de que sean de diferentes especies, porque si los protagonistas fueran dos humanos “al uso” me resultaría igual de difícil de creer. ¿Cómo se pueden enamorar de esa forma, sin apenas interacción ni comunicación más o menos profunda? En todo caso eso sería atracción, no amor. Pero es más, yo incluso diría que lo que siente la protagonista es básicamente lástima o compasión al ver a un ser maltratado con el que se ve identificada, a alguien aún más “diferente” que ella y, en definitiva, a alguien con quien poder compartir su soledad, lo cual de amor creo que no tiene mucho (aunque sea la triste realidad de muchas parejas, así que mejor no diré más por no afirmar que de este agua no beberé).

Esta historia central se entrelaza con una subtrama de espionaje en plena Guerra Fría que nunca llega a alcanzar un gran interés porque está cargada de tópicos y es fácilmente adivinable todo lo que va a suceder en ella. Lo mismo ocurre con el propio desenlace de la película, que contiene tantas situaciones de “justo ahora” llega tal personaje o de “justo ahora” pasa eso que todos esperábamos, que no sorprende ni emociona lo más mínimo. Y por último, parece que muchos críticos también han aplaudido su mensaje feminista al mostrar a dos mujeres valientes que se enfrentan al sistema machista de los años 60. No sé si será casualidad, pero últimamente parece casi inevitable que muchas películas o series tengan algún guiño de este estilo, algo que no me parece mal mientras no se haga solo por seguir una simple “moda”, porque de ser así no harían más que restar valor a lo que intentan defender. Aquí hay que reconocer que sí encaja bien en la trama, aunque ello conlleve mostrar a algunos personajes masculinos como meros clichés (me refiero principalmente al que interpreta el gran Michael Shannon, al que últimamente veo muy encasillado y repitiendo siempre el mismo gesto ceñudo en todos sus trabajos, cuando ya ha demostrado que puede ofrecer mucho más).

Más cuestionable me parece la necesidad de introducir en esta historia a un personaje gay, aunque al menos Richard Jenkins ofrezca una gran actuación en ese rol, o la de la chica de la limpieza negra (Octavia Spencer) que es poco más que un estereotipo andante. Todo eso me resulta muy forzado, parece que solo están ahí porque hay que meter como sea una “cuota de personajes de colectivos marginados” (por decirlo de alguna manera aunque suene brusca) para potenciar su mensaje de tolerancia e integración, para que nadie se sienta olvidado ni discriminado o para no herir sensibilidades susceptibles. Todo muy bonito, muy políticamente correcto… y muy falso, en mi opinión, porque esto, cada vez más habitual en el cine de Hollywood, lo único que hace es perjudicar ese mensaje de igualdad que pretenden defender, al mostrarlo de forma tan obvia, antinatural y torpe.

Así que en general, me ha dado la impresión de que la historia que nos quiere contar Del Toro no es más que un batiburrillo de ideas mezcladas con no demasiado acierto (no he mencionado nada de superpoderes curativos también vistos en cientos de ocasiones como E.T. sin ir más lejos, con la que también comparte otras cuantas “similitudes”, momentos musicales que desentonan mucho, algunas escenas subidas de tono que solo parecen buscar el morbo gratuito y que el público hable de ellas como la de la masturbación en la bañera, etc.), que además no son originales en absoluto. Esto no tendría por qué ser malo, siempre que quien recurra a coger ideas prestadas sea capaz de dotarlas de una personalidad o de un interés propio. Y eso es algo que aquí no sucede. Pero también es incuestionable que, pese a todo lo malo que he dicho de ella, la película entretiene y se ve con facilidad, aunque sin mucha emoción ni impacto real, al menos en mi caso.

La vida es lo que queda del naufragio de nuestros planes.

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