Tierra de Dios


Título original: 
God’s own country
Duración: 1hr 44mins
País: Reino Unido
Año: 2017
Director: Francis Lee
Guión: Francis Lee
Reparto: Josh O’ConnorAlec SecareanuIan HartGemma JonesPatsy FerranJohn McCreaHarry Lister SmithLiam Thomas
Género: Drama. Romántico.
Mi puntuación:  8 / 10


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Tráiler (en versión original subtitulada):

Johnny (Josh O’Connor) es un joven inglés que vive y trabaja en una pequeña granja de la campiña inglesa junto con su padre (Ian Hart) y su abuela paterna (Gemma Jones). La rutina diaria allí es muy dura y el entretenimiento que puede encontrar un joven como él en semejante escenario va poco más allá de beber grandes cantidades de cerveza, pero la llegada de un chico rumano llamado Gheorghe (Alec Secareanu), contratado por su padre para echarles una mano mientras dure la época de partos de sus ovejas, cambiará completamente su vida.

La cambiará porque, pese a la frialdad, desconfianza e incluso rechazo iniciales, entre ambos pronto surge una atracción que terminará derivando en amor. Aunque escrito así pueda parecer algo muy simplificado o precipitado, la forma en la que todo esto sucede en poco tiempo está muy bien narrada, haciendo que me parezca totalmente creíble y natural lo que veo y los sentimientos que florecen entre ellos. Al principio solo es algo físico, rudo, puro instinto sexual, y el director no se corta un pelo a la hora de mostrarlo de este modo, lo cual es todo un acierto. Pero, casi sin darse cuenta ni pretenderlo, empiezan a aflorar “emociones” que van mucho más allá de eso y que no se quedan en el simple cariño, y tampoco faltan entonces algunas escenas más tiernas y sensibles (aunque sin ser empalagosas en absoluto). Las comparaciones son odiosas, pero desde el principio éste me ha parecido un romance más real que el que vi en la última película que comenté, la recién estrenada Llámame por tu nombre, también romántica y protagonizada por una pareja homosexual pero en la que al principio me costaba un poco creer que los dos protagonistas pudieran sentir algún tipo de atracción mutua, aunque con el paso de los minutos sus actores lograsen hacerla más que convincente.

Aquí los dos actores principales, los para mí desconocidos Josh O’Connor y Alec Secareanu, también rayan a un gran nivel, quizás porque interpretan a unos personajes que están muy bien construidos (o quizás parezcan tan bien construidos gracias a la buena labor interpretativa de los dos, no lo sé). Sin necesidad de demasiadas palabras y detalles iremos conociendo que ninguno de ellos ha tenido un pasado precisamente fácil, puesto que Johnny fue abandonado por su madre cuando era muy joven quedando así “atrapado” en la granja con su severo padre y su no menos compasiva abuela paterna, mientras Gheorghe es un inmigrante rumano que se vio obligado a abandonar su país como tantos otros jóvenes de su generación ante la falta de perspectivas y de futuro que tenía allí, hasta acabar en una lejana tierra hosca y poco amable con los extraños. Son, en definitiva, dos personas sin muchas esperanzas de que su vida pueda mejorar a corto plazo, que se encuentran fortuitamente y se entregan el uno al otro sin dudarlo porque comprenden que cosas así no suceden a menudo y, dado lo mal que lo han pasado antes, saben apreciar las bonitas posibilidades de cambio que se abren ante ellos. A mí me parece imposible no empatizar con unos personajes así, aunque esto es totalmente subjetivo, claro.

Por otra parte, la historia de amor encaja perfectamente en un entorno tan ¿atípico? como el rural, en un ambiente natural y puro pero también sucio y muy fatigoso, que de divino (como reza el título del filme) tiene más bien poco. La dura existencia de los agricultores y ganaderos está retratada de forma sencilla y veraz (lo que veo en el pequeño pueblo salmantino de mis padres no es muy distinto a muchas de las cosas que he visto aquí), mostrándonos situaciones tan habituales como la asistencia a partos de animales, la subasta de ganado, etc. pero sin que ello parezca un mero adorno para alargar la película mientras nos cuentan el romance. Al contrario, todos estos detalles engrandecen dicho romance y lo hacen aún más “auténtico”.

El único punto en el que para mí flojea un poco es en el de la subtrama familiar de Johnny. Al principio, ver la tensa relación que existe entre él y su padre e incluso su abuela sirve para entender mejor el por qué de su carácter y de su espiral casi autodestructiva, que incluye borracheras diarias, vómitos matutinos o sexo fugaz y salvaje, pero más tarde sucederán cosas demasiado súbitas a la par que tópicas para forzar los acontecimientos.

Pero más allá de eso, es un excelente debut de Francis Lee tanto en su faceta de director como en la de guionista, porque acierta completamente a la hora de transmitir emociones y sentimientos desde la sobriedad sin necesidad de recurrir a adornos poéticos ni a situaciones conmovedoras en exceso, algo no muy frecuente en los dramas románticos. Así que habrá que seguirle la pista a este británico y ver qué nos ofrece en el futuro.

Quiero que por una vez sea distinto…
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