Llámame por tu nombre


Título original: 
Call me by your name
Duración: 2hrs 12mins
País: Italia
Año: 2017
Director: Luca Guadagnino
Guión: James Ivory
Reparto: Timothée ChalametArmie HammerMichael StuhlbargAmira CasarEsther GarrelVanda CaprioloVictoire Du BoisAndré AcimanPeter Spears
Género: Romántico. Drama.
Mi puntuación:  6,5 / 10

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Tráiler (en versión original subtitulada):

Basada en una novela homónima de André Aciman, Llámame por tu nombre narra una historia de amor protagonizada por Elio (Timothée Chalamet), un joven de 17 años que está pasando las vacaciones del verano de 1983 en la casa de campo que su adinerada familia tiene en el norte de Italia, y un chico norteamericano varios años mayor que él llamado Oliver (Armie Hammer), que va a convivir con ellos durante un mes para colaborar con el padre de Elio en su trabajo como investigador y de paso rematar su propio doctorado.

Ese es el sencillo argumento de una de las películas más aclamadas del pasado 2017 tanto por la crítica como por el público, motivo por el cual tenía unas altas expectativas puestas en ella… que, por desgracia, no se han cumplido.

No se han cumplido porque, pese a que veo todas sus bondades y comprendo todas las alabanzas que ha recibido, a mí no me ha parecido que lo que cuenta sea nada novedoso ni extraordinario. Es el relato de un amor veraniego como tantos otros hemos visto anteriormente, por lo que de antemano ya sabemos que será un romance tan intenso como imposible de prolongar en el tiempo más allá de lo que dure el verano en cuestión y, por lo tanto, no hay nada de sorprendente en lo que narra.

Es más, aunque pueda sonar mal, me da la sensación de que si esta historia estuviera protagonizada por un chico y una chica en lugar de por dos chicos, no habría tenido tanta repercusión y se consideraría una película romántica como tantas otras. O quizás un poco superior a la media, de acuerdo, pero no la mejor película de la década o una de las mejores historias románticas de la Historia del Cine, como he llegado a leer. Es decir, que parte de la relevancia que ha tenido puede deberse al hecho de que sus protagonistas sean gays, como si eso fuera algo “distinto” o “extraordinario” cuando no lo es. Y, desde el punto de vista dramático o narrativo o como queráis llamarlo, su condición homosexual tampoco hace que sea un amor más difícil o tormentoso que otros porque la familia del joven protagonista lo acepta sin problema alguno ni nadie se entromete entre ellos. Ojalá fuera siempre así en la vida real (aunque obviamente no sea tan fácil en todos los casos, por mucho que estemos en el siglo XXI), eso es indiscutible, pero a nivel dramático para mi gusto le resta un poco interés y hace que sea una historia de amor sin más.

Y, como las películas románticas sin mayores alicientes no me suelen entusiasmar, es lógica mi sensación de decepción con esta. Se ve que soy incapaz de apreciar este tipo de películas “poéticas” tanto como lo hace la mayor parte del público, de hecho me sucedió lo mismo con la que para muchos fue la mejor película española del año pasado, Verano 1993. No tienen nada que ver en lo que cuentan pero sí en el tono y la forma en la que lo hacen y, aunque ambas me resultan “simpáticas” o “bonitas”, ninguna de las dos ha conseguido emocionarme ni engancharme al cien por cien en la historia que contaban.

De hecho, Llámame por tu nombre me ha resultado incluso algo aburrida por momentos, quizás porque no he logrado empatizar demasiado con los protagonistas por mucho que comprenda sus sentimientos. Elio me parece el típico chaval de familia adinerada, tan inteligente como “sobrado” (en el sentido de que parece que el mundo le debe algo); Oliver, el típico guaperas fanfarrón y pagado de sí mismo; ambos, tan cultos y bien educados que en no pocos momentos rozan la pedantería. Así que ninguno me ha caído especialmente en gracia y así es difícil implicarse en sus vivencias.

De todas formas, pese a que hasta ahora no haya hecho más que criticarla negativamente, no me ha parecido una película mala en absoluto. Al contrario, creo que expone perfectamente los sentimientos que suele conllevar el primer enamoramiento auténtico, tanto los más hermosos como los más tristes, y que también muestra bastante bien la forma en la que surge la “chispa” (no se me ha ocurrido una palabra menos tópica) entre los protagonistas haciendo que, pese a lo irreal que pueda parecer en principio que un tipo tan carismático y de buen ver como Oliver pueda sentirse atraído por un chico “aún por hacer” como Elio, con el paso de los minutos te vayas creyendo su romance.

Los actores son los principales responsables de que en ese aspecto funcione tan bien, ya que son capaces de transmitir una gran química entre ellos y de expresar sus emociones de forma sencilla. Especialmente el joven Timothée Chalamet, no solo por la tristeza que logra reflejar en la aclamada última escena frente a la chimenea sino por la veracidad que transmite cada mirada o cada pequeño gesto suyo durante casi todo el metraje. Armie Hammer no llega a su nivel en cuanto a la hora de expresar los sentimientos más profundos de su personaje, pero es un derroche de carisma y energía positiva. Y, en un rol mucho más secundario, no me quiero olvidar del camaléonico Michael Stuhlbarg interpretando al padre de Elio. Aunque la relación que ambos tienen sea un tanto inverosímil (me cuesta creer que, por muy “modernos” que fueran para la época, alguien hablara con tanta naturalidad con su padre acerca del sexo y de sus conquistas nocturnas), su charla con el joven protagonista en una de las últimas escenas del filme es magnífica.

Así que me ha parecido una película muy agradable, por momentos incluso divertida, pero también con muchos altibajos que le restan interés (tampoco me ha convencido demasiado la tan elogiada dirección del italiano Luca Guadagnino, con algunos cortes bruscos entre escenas, otras alargadas en exceso, etc.) y sin nada tan memorable como muchos dicen, en definitiva. Melocotones aparte, no sé si dentro de unos años recordaré alguna escena suya más allá de las que transcurren en los últimos cinco minutos del filme, que ya comenté en el párrafo anterior. Aunque supongo que si a tanta gente entusiasma es que “algo” tendrá, pese a que yo no haya sido capaz de apreciarlo o valorarlo.

Todo llegará, cuando menos te lo esperes. La naturaleza tiene maneras extrañas de encontrar nuestros puntos más débiles. Ahora mismo puede que no quieras sentir nada, quizás nunca lo quisiste. Pero aprecia lo que has hecho. Y si hay sufrimiento, domínalo, y si queda alguna llama, no la apagues, no seas cruel. La ausencia puede ser algo terrible, nos mantiene despiertos toda la noche… y ver cómo alguien nos olvida antes de lo que hubiésemos deseado no ayuda. Nos desprendemos de tantas cosas propias para poder curarnos lo antes posible, que con treinta años ya estamos en ruinas y cada vez tenemos menos que ofrecer cuando empezamos una nueva relación con alguien. Sin embargo, no sentir nada por miedo a sentir algo… ¡menudo desperdicio! ¿No crees?

 

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