Molly’s game


Título original: 
Molly’s game
Duración: 2hrs 21mins
País: Estados Unidos
Año: 2017
Director: Aaron Sorkin
Guión: Aaron Sorkin
Reparto: Jessica ChastainIdris ElbaKevin CostnerMichael CeraJeremy StrongBrian d’Arcy JamesChris O’DowdAngela Gots, Bill CampGraham GreeneJustin Kirk, Samantha IslerMichael Kostroff
Género: Biográfico. Drama. Thriller.
Mi puntuación:  7,5 / 10

Tráiler (en versión original subtitulada):

El prestigioso guionista Aaron Sorkin, ganador de un Óscar por su libreto de La red social y nominado hasta en siete ocasiones por esa faceta en los Globos de Oro (entre ellas, por esta película), debuta como director acercándonos la rocambolesca historia real de Molly Bloom (interpretada por Jessica Chastain), una esquiadora olímpica que tras lesionarse gravemente a los 21 años abandonó su adinerado hogar para iniciar una nueva vida en otra ciudad. Basándose en el libro escrito por la propia Bloom, el filme relata la forma en la que, tras empezar a trabajar de camarera, poco a poco se fue adentrando en el mundo del póker y no solo logró labrarse una gran reputación en un terreno tradicionalmente reservado a los hombres, sino que además consiguió ganar varios millones de dólares. Hasta que fue objeto de una investigación del FBI que conllevó el embargo de todo el dinero que tenía y que la obligó a buscar desesperadamente la ayuda de un abogado (al que da vida Idris Elba) para no terminar con sus huesos en la cárcel.

La vertiginosa y espectacular primera escena del filme que nos muestra el momento en el que se lesionó Molly ya deja bien claro qué es lo que vamos a ver en el resto del metraje: muchísimo diálogo a ritmo casi desbordante y una narración que recurre constantemente a la voz en off de la protagonista, aunque por fortuna esto no llega a cansar en ningún momento (¿a quién le puede cansar Jessica Chastain?).

Así, a base de frases que se suceden sin descanso, muchas de ellas derrochando la ironía y lucidez habitual en los guiones de Sorkin, y apoyándose en algunos flashbacks de la infancia de la protagonista y en otros saltos temporales de su vida, iremos conociendo cómo Molly fue ganando su fortuna prácticamente desde cero, tras haber roto casi por completo con su acomodada familia, hasta llegar a un punto insostenible en el que el castillo de naipes (perdón por el facilón juego de palabras) se tenía que acabar derrumbando más pronto que tarde.

Si algo se le puede achacar al guión es cierta condescendencia con la protagonista. Porque está claro que su ingenio, esfuerzo y capacidad son dignos de admiración, tanto como su lealtad a la hora de no revelar los nombres de sus “clientes” y su preocupación por los daños colaterales que podrían tener sus acciones en gente que ajena al mundo del póker y de las apuestas ilegales. Pero, por mucho que su código moral parezca bueno, tampoco hay que olvidar que consiguió ascender en el “negocio” y labrarse una reputación de forma un tanto parasitaria, primero traicionando a quien la introdujo en ese ámbito (por muy capullo que fuera el tipo) y después aprovechándose del nombre de algunas figuras reconocidas para hacerse notar y adquirir así cierto prestigio cuando en realidad ella no era nadie por si misma, como le viene a recalcar en una escena clave el ‘Jugador X’ (no se dan los nombres reales de casi ninguno de los personajes por no hundirles mediáticamente, aunque no son pocos los que creen que tras esa identidad se esconde el actor Tobey Maguire). Eso por no mencionar “pequeños” detalles como el hecho de ganara dinero de forma ilegal o que pusiera en contacto a gente de dudosa reputación y procedencia sin hacerles preguntas porque lo único que le interesaba era lucrarse, gracias a o a costa de quien fuera, se dedicase a lo que se dedicase fuera de las partidas de póker.

Obviando eso, no se puede negar la habilidad narrativa de Sorkin y su capacidad de entretener e intrigar al espectador, combinando a la perfección los elementos dramáticos de la vida de la protagonista con la trama judicial e incluso con cierto toque de thriller de investigación en la parte que tiene que ver con los mafiosos rusos. Todo ello con el póker de fondo, sin que en realidad el juego tenga un auténtico protagonismo pero aun así ofreciendo jugosas escenas incluso para los que al igual que yo tengan pocos conocimientos en ese tema, como aquella en el que el mejor jugador de la mesa entra en barrena tras perder increíblemente una mano contra el más lamentable de todos ellos. Y también se percibe, como suele ser habitual en los textos del director, un tono crítico con los personajes que vemos (artistas de renombre, empresarios adinerados, deportistas de élite, etc.) y lo que estos representan: fama, dinero, ambición, despilfarro, cinismo, machismo y, cómo no, adicción. Más que al propio juego, a destrozar al que tienes al lado.

Aunque en la parte final empiezan a pesar un poco los minutos de un metraje a todas luces excesivo, haciéndose un tanto reiterativo el alegato de defensa de la protagonista por más disfrutable que sea ver, por ejemplo, el vehemente discurso que da Idris Elba a los fiscales de la acusación de forma “extraoficial”. También salva ese tramo final otra excelente escena protagonizada por Kevin Costner, en el rol del padre de la protagonista, un veterano psicólogo que en en apenas tres minutos hace con su hija una conmovedora terapia que le llevaría tres años con cualquier otro cliente de pago, como él mismo dice socarronamente. Es decir, que pese a decaer un poco, la película sigue teniendo algunas cosas buenas que ofrecer hasta el final.

Y ya que he hablado de actores que lo hacen bien, cómo no mencionar a la absoluta protagonista. Una Jessica Chastain inmensa, convincente tanto en su (corta) faceta de deportista como en la de mujer fatal como en la de agresiva emprendedora como en el de vulnerable víctima de amenazas y chantajes que no tiene en quién escudarse ni apoyarse. Tremendo el abanico de sentimientos que es capaz de transmitir y siempre de una forma más bien contenida, sin caer nunca en la exageración pero tampoco en la fría inexpresividad.

En definitiva, por ahora es de lo mejor que he visto del recién terminado 2017. Eso sí, si no os gustan las películas que abusan del diálogo y que exigen una atención importante, mejor que probéis con otra opción porque, sin exagerar, son 140 minutos de verborrea constante (en el buen sentido). A mí sin embargo estas propuestas me suelen gustar mucho, así que no me ha defraudado en absoluto.

No infrinjas la ley
cuando ya la estás infringiendo.
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