Wonder


Título original: 
Wonder
Duración: 1hr 50mins
País: Estados Unidos
Año: 2017
Director: Stephen Chbosky
Guión:  Stephen ChboskySteve Conrad y Jack Thorne
Reparto: Jacob TremblayJulia RobertsOwen WilsonIzabela VidovicNoah JupeBryce GheisarMandy PatinkinDaveed DiggsSonia BragaMillie DavisElle McKinnonTy ConsiglioAli LiebertDanielle Rose Russell
Género: Drama. Comedia.
Mi puntuación:  7 / 10

Tráiler (en versión original subtitulada):

Tras el gran sabor de boca que dejó con su primer largometraje estrenado a nivel comercial, Las ventajas de ser un marginado, Stephen Chbosky vuelve a dirigir una historia sobre menores de edad, en esta ocasión protagonizada por chicos aún más jóvenes que los de aquella. Y es que Auggie Pullman (Jacob Tremblay) es un niño de diez años que debe enfrentarse a su primer año de colegio tras haber pasado prácticamente toda su vida sin salir de casa, siendo educado por sus protectores padres (Julia Roberts y Owen Wilson) debido a la grave deformidad facial con la que nació y a las numerosas operaciones a las que se tuvo que someter para corregir algunas otras malformaciones. Por lo demás, es tan normal como el resto de gente de su edad e incluso más inteligente que la media, pero si su aspecto físico suele impactar normalmente a los adultos, es comprensible que tema no ser capaz de encajar con los que van a ser sus compañeros de clase.

Semejante sinopsis puede hacernos pensar que estamos ante el típico melodrama lacrimógeno digno de ser emitido en las sobremesas de Antena 3, pero nada más lejos de la realidad. Porque esta historia, que por cierto está basada en una exitosa novela homónima escrita por Raquel Palacio que al parecer incluso se utiliza didácticamente en algunos colegios tanto de Estados Unidos como de nuestro país, consigue emocionar al espectador sin forzar ni abusar del drama.

Y lo hace pese a ser un relato predecible que cae en algunos clichés habituales de este tipo de historias de “integración”en ambientes escolares, que además lanza al espectador un buen puñado de frases buenrollistas dignas de Paulo Coelho (no lo digo como algo bueno precisamente, valga el ejemplo de «Si tienes que elegir entre tener razón y ser amable, sé amable.» ¿¿¿???) y que está impregnada en general de un espíritu demasiado optimista, final feliz incluido. Porque, por desgracia, los casos parecidos que puedan darse en la realidad me da que no suelen tener desenlaces tan bonitos para sus protagonistas. También le sobra algún adorno en forma de subtrama que aporta poco a la trama central, especialmente las relaciones de amor o amistad de su hermana, aunque por otra parte sí me parece necesario mostrar su punto de vista para reflejar cómo sus padres la dejan a menudo en un segundo plano al ser “normal”, porque se preocupan más por el hijo que creen que necesita más protección, algo que seguro que sucede en muchos casos reales similares.

Así que prácticamente todo lo que he dicho de ella hasta ahora es malo. Pero sin embargo la película funciona como un reloj y logra lo que se propone, que supongo que no es otra cosa que concienciar un poco acerca de estas situaciones a la vez que conmueve en alguna ocasión y entretiene en todo momento. Principalmente porque consigue implicarte desde el mismo arranque en la historia gracias a una perfecta definición de personajes que hace que casi todos ellos, incluso los más secundarios o los que a priori parezcan ser poco más que tópicos en movimiento (el niño abusón, el padre guay, la madre protectora, etc.), estén muy elaborados y podamos por ello entender sus formas de actuar o de pensar, las compartamos o no. Los actores también tienen buena culpa de que esto sea así, empezando por un divertido pero comedido Owen Wilson y una acertada Julia Roberts y siguiendo por un grupo de actores infantiles entre los que destaca sobremanera Jacob Tremblay. Si con su trabajo en la magnífica La habitación ya nos sorprendió a muchos por su talento, aquí lo confirma siendo capaz de transmitir perfectamente los sentimientos y estados de ánimo de su personaje aún por debajo del aparatoso maquillaje que le han puesto encima. Incluso su voz en off no resulta para nada cargante.

A todo ello hay que sumarle una narración que aborda el tema del acoso escolar de forma sencilla pero no simplificada, que no resulta excesivamente dramática o trágica pero que a la vez no le resta gravedad al asunto y que además consigue introducir algo de humor de forma natural y acertada. También es capaz de reflejar fácilmente esa complicidad tan espontánea que suele darse entre niños de la edad de los protagonistas, al director le bastan un par de pinceladas para mostrarnos cómo surgen algunas amistades infantiles.

Así que no es una película que vaya a pasar a la Historia del Cine, pero es un producto más que agradable de ver. Y a mí me ha emocionado bastante en al menos un par de ocasiones, algo que no me pasa habitualmente (aunque reconozco que tengo cierta “debilidad” por las películas que muestran de un modo u otro las amistades infantiles que mencionaba antes). Me parece tan curiosa como incuestionable la capacidad de Stephen Chobsky para narrar (también es guionista) historias de colegio o instituto, así que no me importaría nada que siguiera explotando esta faceta en sus siguientes trabajos.

El corazón nos muestra hacia dónde vamos.
Las marcas y cicatrices muestran dónde hemos estado.
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