Oro


Título original: 
Oro
Duración: 1hr 52mins
País: España
Año: 2017
Director: Agustín Díaz Yanes
Guión: Agustín Díaz Yanes y Arturo Pérez-Reverte
Reparto: Raúl ArévaloJosé CoronadoÓscar JaenadaBárbara LennieAntonio DechentJosé Manuel CervinoAndrés GertrúdixDiego ParísJuan Carlos AduviriLuis CallejoJuan José BallestaAnna CastilloJosé Manuel Poga, Juan DiegoRafael CebriánJosean Bengoetxea
Género: Aventuras. Drama.
Mi puntuación:  5,5 / 10

Tráiler:

En su quinto largometraje, Agustín Díaz Yanes vuelve a adaptar una obra del siempre controvertido Arturo Pérez Reverte pese al tremendo varapalo de crítica y público que recibió su versión de Alatriste (que a mí, contrarariamente a la opinión general, me gustó, quizás por haber leído y disfrutado toda la saga de novelas protagonizada por el mostachudo espadachín). En esta ocasión trabaja sobre un relato corto inédito cuya acción transcurre en una de las peligrosas selvas de las Indias del siglo XVI, en las que un grupo de unos treinta conquistadores españoles liderados por Don Gonzalo (José Manuel Cervino) buscan una ciudad que según se cuenta está construida completamente de oro. En esa búsqueda no solo deberán enfrentarse a las amenazas naturales de la selva y a los indígenas que la habitan, también deberán confrontar su propia codicia y las rencillas que van surgiendo entre los miembros de la expedición con el paso de los días, algo que conoceremos gracias al testimonio del inquieto soldado Martín Dávila (Raúl Arévalo).

El punto fuerte del filme es sin duda su ambientación. La forma en que nos sumerge en la selva es impecable gracias a una buena labor de fotografía y también de sonido (ambiental, porque el sorprendente problema de la dicción de algunos actores españoles también se nota aquí en varias ocasiones). Desde el principio es difícil no sentir que estamos allí dentro con los personajes, respirando su sudor, sintiendo su tensión y palpando su desesperación ante la amenaza latente del terreno inexplorado por el que se mueven. Pero no solo está bien recreado el escenario en el que transcurre la historia, también lo están los propios hombres y mujeres que se mueven por él. Visten como gente del siglo XVI pero, lo que es más importante y muchas veces se descuida en el cine, la televisión o la literatura, hablan y piensan como ellos. En el tema de si los españoles salen mejor o peor parados de este retrato prefiero no ahondar, aunque sí creo que muchos de los soldados que estuvieron en las Indias se sentirían y comportarían más o menos como estos personajes.

Pero eso queda en un segundo plano si tenemos en cuenta que lo más importante en una película, la narración de los acontecimientos, avanza muy a trompicones, alternando momentos intensos y estimables con otros que directamente no vienen a cuento e incluso con algunos intentos de hacer algo de humor que no funcionan casi nunca. Por no hablar de una historia de amor que parece introducida a la fuerza en la trama para justificar la dudosa presencia de los personajes femeninos (la mujer de Don Gonzalo, a la que interpreta Bárbara Lennie, y su sirvienta, a la que da vida Anna Castillo), que desentona en semejante situación y no aporta nada más que minutos aburridos al metraje.

Además, todo lo que va sucediendo está mostrado de una forma tan fría, seca y a veces precipitada que ni siquiera las muertes de algunos personajes conmueven o emocionan lo más mínimo al público. Entiendo, y en alguna otra película lo he aplaudido, la idea de mostrar una violencia realista, repentina y sin alardes innecesarios, pero aquí eso no funciona porque a veces parece que ocurre sin un motivo real, solo porque “tocaba” en el guión. Y me resulta muy chocante que el aspecto técnico del filme nos adentre tan fácilmente en la selva mientras la narración parece empeñada en sacarnos de ella, en que el espectador asista a los acontecimientos desde la distancia. Lo cual hace que además el factor “aventura” se vaya diluyendo conforme la historia avanza.

Así, con el paso de los minutos solo queda intentar sacar alguna reflexión acerca de la codicia humana y de los extremos a los que podemos llegar por culpa de ella (aunque para ello, infinitamente mejor ponerse esa obra maestra que es El tesoro de Sierra Madre; sé que no tienen nada que ver pero no sé por qué me acordé de ella mientras me aburría con Oro) y ver cómo la tan manida frase de que el hombre es un lobo para el hombre cobra más sentido que nunca en un escenario en el que se mezclan envidias, avaricias y necesidad de sobrevivir a toda costa en un entorno hostil.

Por último, el que quizás sea el mayor reclamo del filme, su extenso reparto compuesto por algunos de los rostros más conocidos de nuestro país, tampoco funciona como debería. Nadie realiza una actuación digna de ser premiada pero al menos algunos como José Coronado (pese a que choque un poco verle con esas pintas) o, sobre todo, Antonio Dechent ofrecen un buen trabajo, más aún si los comparamos con el de otros que de tanto exagerar y torcer el gesto se quedan muy cerca de hacer el ridículo (véase Luis Callejo en el rol del cura o, peor aún, Óscar Jaenada). Una lástima.

Ya huelen el oro… y no quieren compartirlo con nadie.

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