El autor


Título original: 
El autor
Duración: 1hr 52mins
País: España
Año: 2017
Director: Manuel Martín Cuenca
Guión:  Manuel Martín Cuenca y Alejandro Hernández
Reparto: Javier GutiérrezAntonio de la TorreMaría LeónAdelfa CalvoAdriana PazTenoch HuertaRafael Téllez, José Carlos Carmona, Domi del Postigo
Género: Drama. Comedia negra.
Mi puntuación:  8 / 10

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Tráiler:

Basada en la novela El móvil de Javier Cercas y premiada en el pasado Festival de Toronto, El autor nos narra la historia de Álvaro (Javier Gutiérrez), un eterno aspirante a escritor que, harto de ser ninguneado en su rutinario trabajo en una notaría y de ver cómo su joven mujer Amanda (María León) está triunfando con el primer libro que ha escrito pese a ser el típico best-seller facilón, decide romper con todo, Amanda incluida, y dedicarse totalmente a escribir una novela “de verdad”, no un librillo cualquiera. Para ello contará con la ayuda del duro profesor del taller de escritura al que acude desde hace años (Antonio de la Torre), quien a base de insistirle en que para escribir ficción hay que vivir y conocer la realidad le termina dando la idea para lograr su objetivo: entablar relación con los vecinos de su nuevo piso e inspirarse en sus vidas para construir su primera gran obra.

Lo primero que he de decir es que me ha sorprendido mucho y para bien el humor en ocasiones negrísimo que desprende esta nueva película de Manuel Martín Cuenca (Caníbal, La flaqueza del bolchevique). Cierto es que ni había visto su trailer ni leído sinopsis, así que esperaba encontrarme con un drama que abordara las dificultades creativas de cualquier escritor aficionado, o algo por el estilo. Y eso está ahí en la película, pero expuesto de una manera muy diferente a la prevista por mi parte, lo cual es un acierto porque así resulta más sorprendente e inteligente que si se hubiera narrado exclusivamente desde el punto de vista dramático que conlleva la frustración de saber que no tienes el talento o la creatividad suficiente como para hacer lo que más te gustaría.

La forma en la que el protagonista empieza a sonsacar información a sus vecinos y después los “utiliza” para que ellos mismos sean los que le den la historia en bandeja con sus acciones (lo que él denomina «dejar el guión a los personajes») está narrada con gran soltura y gracia pero no por ello deja de ser coherente e incluso creíble, dentro de lo que cabe, lo cual hace que el espectador se enganche fácilmente a una historia que va generando más y más intriga con el paso de los minutos, a base de ocurrencias cada vez más perversas por parte del aspirante a escritor. Y todo ello jugando constantemente la idea de mezclar realidad y ficción.

Aunque quizás el punto más destacable del filme, diversión y malicia aparte, sea la cuestión que expone de hasta dónde es legítimo y ético llegar para lograr nuestros objetivos, pregunta que en esta sociedad tan cargada de individualismo, y que tanto nos vende la búsqueda del éxito a toda costa, está a la orden del día. No sé si era la intención del filme o de la novela en la que se basa, pero creo que es inevitable pensar en los medios de comunicación actuales mientras te plantean esas reflexiones con tanta ironía y humor negro y asistimos a la gran manipulación que urde el protagonista. Sin dejar de lado otra cuestión quizás aún más relevante: ¿lo que hace este tipo es luchar por sus sueños… u obsesionarse hasta tal punto que termina totalmente alienado viviendo solo por y para eso? ¿Es loable la gente que se empecina tanto en perseguir lo que quiere… o es ridículo llegar a semejante punto de enajenación con tal de no admitir la realidad de que no sirves para algo? ¿El protagonista es el manipulador… o en realidad es más bien él el manipulado por su propia obcecación?

Este hombre que no tiene nada que perder y decide apostar a lo grande por su novela saltándose cualquier código moral bien podría estar sacado de algún guión de los hermanos Coen, por su mezcla de patetismo con peligroso ingenio. Y Javier Gutiérrez, una vez más, se mete completamente en la piel del personaje (aparte de demostrar literalmente que “los tiene bien puestos”, como sabrá cualquiera que haya visto la película), hasta el punto de que en la pantalla no le vemos a él sino a Álvaro (esto que parece una tontería o una obviedad es algo que por desgracia no sucede tan habitualmente si los actores son rostros conocidos), logrando además con su carisma que el público sienta complicidad con ese triste manipulador que al principio podría darnos lástima y al final repulsión y sin embargo no es así. Es un tipo que tampoco desentonaría en esa magnífica comedia negra que era Relatos salvajes porque todo empieza cuando se da cuenta de que ya no puede más y de que está hasta los mismísimos de todo(s), aunque su “estallido” sea mucho más sutil y paciente que los de los personajes de aquella película.

Pese a ser el protagonista absoluto de la función, Javier Gutiérrez está muy bien secundado, especialmente por otro de los grandes nombres de nuestro cine actual, Antonio de la Torre, que ofrece algunos de los momentos más intensos del filme (inolvidable el vehemente “repaso” que le da al protagonista en el taller de escritura) y por una sorprendente Adelfa Calvo que protagoniza varias de las escenas más divertidas de la película, aunque ese personaje de portera cotilla en el fondo dé más pena (tanto de la buena como de la mala) que otra cosa.

No es una película redonda porque quizás le sobra un punto de sobriedad en ocasiones mientras que en algunas otras (muy pocas, por fortuna) sus ocurrencias son tan exageradas e innecesarias que casi te sacan del filme, pero en general es muy disfrutable y se pasa un rato divertido viéndola, a poco que te guste el humor sarcástico e irónico, y además plantea al espectador una serie de cuestiones más que interesantes. Por ahora, para mí es lo mejor que se ha hecho en nuestro país este 2017 que está a un mes de llegar a su fin.

Como dijo Machado:
«Nunca perdáis contacto con el suelo, porque solo así tendréis una idea de cuál es vuestra estatura».

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