Shot caller


Título original: 
Shot caller
Duración: 2hrs 1mins
País: Estados Unidos
Año: 2017
Director: Ric Roman Waugh
Guión:  Ric Roman Waugh
Reparto: Nikolaj Coster-WaldauLake BellJon BernthalEmory CohenOmari HardwickJeffrey DonovanHolt McCallanyEvan JonesJuan Pablo RabaBenjamin BrattChris BrowningJonathon McClendonMax GreenfieldJessy Schram
Género: Drama. Crimen.
Mi puntuación:  7 / 10

Tráiler (en versión original sin subtítulos,
no hay fecha de estreno en nuestro país por ahora):

Jacob Harlon (Nikolaj Coster-Waldau) es un exitoso broker que lleva una vida casi perfecta junto a su mujer Kate (Lake Bell) y su pequeño hijo hasta que una noche, al volver conduciendo tras una cena con otra pareja de amigos, sufre un accidente en el que muere uno de sus acompañantes. Al dar positivo en el test de alcoholemia es condenado a prisión por homicidio involuntario y, siguiendo las recomendaciones de su abogado, prefiere aceptar un acuerdo con la acusación para admitir su culpabilidad y pasar solo unos meses encerrado en lugar de enfrentarse a un juicio en el que podría ser condenado a pasar mucho más tiempo en la cárcel. El problema es que, casi desde el mismo instante en el que pone un pie en prisión, se verá obligado a hacer cosas que jamás hubiera imaginado para poder sobrevivir.

El punto de partida de la película no es precisamente original y el desarrollo de la trama tampoco es que sea sorprendente o innovador, recurriendo al uso de flashbacks para narrar la vida de Jacob antes de entrar en la cárcel. Sin embargo, eso no le resta capacidad para entretener en todo momento y, además, la evolución (o caída más bien dicho) del protagonista está mostrada de una forma bastante realista, haciendo creíble la progresiva transición de ese hombre simpático, cariñoso y agradable que era Jacob hacia el tipo duro, frío y dispuesto a todo que es ‘Money’, como le conocen sus compañeros de prisión. Sus motivaciones para hacer lo que hace son lo más interesante del filme y darían para debatir largo y tendido acerca de si su comportamiento es comprensible, honesto y coherente o no lo es, puesto que al verse envuelto en una vorágine cada vez más violenta para que no se le “coman” en la cárcel, prefiere ir distanciando a su familia del hombre en el que se está convirtiendo, alguien a quien el “antiguo” Jacob repudiaría totalmente. Pero por otra parte, no tiene en cuenta qué es lo querría su familia o si sería capaz de comprender ese cambio de comportamiento, lo decide él solo y por su cuenta, lo cual no deja de ser en cierto modo una decisión “fácil” (dentro de lo que cabe) y egoísta.

El actor danés Coster-Waldau, archiconocido por ser el cada vez más desdibujado Jaime Lannister en la aclamadísima Juego de Tronos, es el auténtico motor del filme. Acapara una grandísima parte de las escenas de la película y siempre lo hace con convicción y transmitiendo las emociones de su personaje perfectamente, te lo crees tanto en el rol del hombre familiar como en el del duro presidiario en el que se va transformando. Me ha sorprendido gratamente porque, aunque en la mencionada Juego de Tronos ya ha demostrado que le sobra carisma, en este papel podía haber caído fácilmente en la exageración o la sobreactuación pero sin embargo no lo hace, al contrario, logra componer a ese peligroso tipo en el que se termina convirtiendo su personaje con una actuación casi siempre fría y contenida. El elenco de secundarios que le acompañan no lo hace nada mal, pero queda totalmente eclipsado por él.

El filme flojea un poco en sus tramas secundarias, poco relevantes y que no aportan nada más que minutos al metraje, como la del policía al que interpreta Omari Hardwick. Sirve para definir un poco a ese personaje, pero aunque no supiéramos nada de su vida la película se podría haber desarrollado prácticamente igual, porque aquí lo que de verdad interesa es ver la “caída a los infiernos” de Jacob.

Obviamente, esta historia también esconde cierta crítica al sistema judicial o penitenciario al poner en evidencia que en muchas ocasiones las prisiones no sirven para reformar a sus “inquilinos” si no para hacer justo lo contrario, embrutecerles y privarles de cualquier expectativa sobre su futuro. Esta frase que le dice Bottles (Jeffrey Donovan), uno de los cabecillas de la prisión, al protagonista es el mejor ejemplo de esa denuncia: «Un lugar como este te obliga a convertirte en víctima o en guerrero. Aquí no existen los términos medios». Aunque no hay que olvidar en ningún momento que el protagonista ha cometido una grave imprudencia (beber las típicas copas de vino que acompañan a cualquier cena pero después coger un coche) que ha costado la vida a una persona, así que aunque haya sido un accidente él no es un pobre inocente al que han encarcelado injustamente. De hecho, el propio Jacob no lo olvida en ningún momento y asume la responsabilidad de pagar por ello, lo cual demuestra la integridad que tenía… antes de entrar en la cárcel.

Puede que todo esto suene a muy visto, pero aun así me ha parecido un filme bastante recomendable, más aún si os llaman tanto la atención como a mí los dramas carcelarios. Aunque (o quizás por eso mismo me ha gustado) siempre es duro que nos recuerden de forma tan contundente cómo nuestra vida puede cambiar completamente en un solo instante, ya sea por una mala decisión, por un pequeño despiste, por un cruce fortuito o por cualquier otra cosa que aparentemente no debería tener gran trascendencia.

El arma más mortífera de un guerrero es… su mente.

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