Mindhunter


Título original:
Mindhunter
País: 
Estados Unidos
Duración: ¿¿?? temporadas, 10 capítulos (50 mins. aprox. cada uno)
Años: 2017-?
Creador: Joe Penhall
Directores: David FincherAsif KapadiaAndrew Douglas  y Tobias Lindholm
Reparto: Jonathan GroffHolt McCallanyAnna TorvHannah GrossCotter SmithJoe TuttleStacey RocaCameron BrittonHappy AndersonAlex MorfJoseph CrossJesse C. BoydMarc KudischDuke LafoonPeter MurnikJack ErdieLena OlinSonny Valicenti
Género: Thriller. Crimen.
Mi puntuación:  8,5 / 10

Trailer (versión original subtitulada):

Normalmente no me gusta escribir sobre series que no han terminado porque su calidad puede variar bastante con el paso de las temporadas, normalmente a peor. Pero con Mindhunter, la nueva serie creada por David Fincher para Netflix, haré una excepción porque hacía tiempo que una serie no me enganchaba tanto.

Basada en un libro escrito por el ex-agente del FBI John E. Douglas y el escritor Mark Olshaker, relata la historia de dos agentes de dicho organismo federal llamados Holden Ford (interpretado por Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) que a finales de los años 70 idearon una innovadora forma de investigación que consistía en entrevistar a algunos de los psicópatas más peligrosos de las cárceles de Estados Unidos para, a través de las conclusiones que sacaran de esas conversaciones, trazar perfiles psicólogos que pudieran ayudar a prevenir futuros casos similares. En la trama se combinan elementos reales como la investigación y los criminales entrevistados, con otros ficticios como los personajes protagonistas, aunque estén parcialmente basados en las vivencias del propio Douglas.

David Fincher ya se había acercado varias veces a la temática de los asesinos seriales, con thrillers tan distintos como la soberbia Seven, sórdida, dura y escabrosa, o la infravalorada Zodiac, visualmente más pulcra y narrativamente más pausada pero por momentos casi igual de inquietante que aquella. El estilo de la serie quizás se acerque más al de este segundo filme pero también recuerda en muchos aspectos a la película que lanzó la carrera del director. Solo que en esta ocasión lo aborda desde un prisma distinto: el proceso de investigación y de resolución de los casos es algo muy secundario, lo importante es el acercamiento a la psicología de los asesinos, ver qué se esconde tras sus dañadas (o no) mentes.

Por ello, es una serie en la que priman los diálogos y las reflexiones, no esperéis ver acción o un suspense desmedido. Aunque también tiene su componente de intriga, ya que paralelamente a estas entrevistas los protagonistas han de resolver algún crimen en el que podrán aplicar a la práctica las teorías y conclusiones de sus investigaciones. Pero lo realmente fascinante es ver la forma de pensar o de interpretar la realidad que tienen los psicópatas que van desfilando ante la pantalla, que además están expuestas de forma muy creíble. Tan creíble como las principales cuestiones a las que intentan dar respuesta los agentes del FBI, que pese a plantearse en los años 70 en la serie, hoy en día seguirían vigentes. ¿El psicópata nace o se hace? ¿Hasta qué punto los condicionantes y estímulos externos pueden perturbar a una persona y llevarla a realizar los actos más grotescos imaginables? ¿Cualquiera en su situación podría caer en ello o tienen “algo” que les predispone a ello?

Además se plantean conflictos éticos y morales muy interesantes entre los dos agentes protagonistas, ya que cada uno tiene su propia manera de afrontar su trabajo. Curiosamente, Holden, que inicialmente parece más tímido y comedido por su juventud y su pinta de “modoso”, es el que tiene menos escrúpulos a la hora de “bajar” al nivel intelectual y de lenguaje de algunos de sus entrevistados, llegando a decir auténticas barbaridades para ganarse su confianza mientras su veterano compañero Bill se escandaliza ante algunos de sus comentarios y por su “método” en general, y eso que inicialmente parece el típico policía rudo y agresivo.

También iremos viendo cómo avanzan sus estudios psicólogicos y si van dando los frutos que esperaban, o cómo se van zafando de las constantes trabas de sus superiores, o cómo sus conclusiones despiertan el interés de gente que posteriormente será fundamental para que el proyecto siga adelante (especialmente la prestigiosa psicóloga Wendy Carr, a la que da vida Anna Torv) y también de otros organismos y autoridades que se van sumando al carro para controlar y atribuirse méritos, o cómo va creciendo el equipo de investigación al ir sumando a gente nueva que deberá ganarse la confianza de los dos agentes que comenzaron el trabajo.

Y, mientras sus investigaciones siguen adelante, también veremos cómo lo que van descubriendo afecta a sus relaciones personales, tanto entre ellos (pese al enfrentamiento que ya he comentado por su diversa forma de enfrentarse a las entrevistas, también se va generando una complicidad y lealtad cada vez mayor entre ellos) como con sus familias o parejas. Holden se involucra tanto que acaba dejando a su novia totalmente relegada a un segundo plano y distanciándose cada vez más de ella sin que en realidad parezca importarle mucho que esto sea así, mientras que Bill se da cuenta del estrés cada vez mayor que lleva consigo a casa y de cómo repercute en su familia, e intenta frenar un poco e implicarse menos en las escabrosas imágenes y conversaciones que ha de escuchar. Esto también está narrado de forma muy realista pero sin ocupar demasiado tiempo en la trama, a los creadores de la serie les basta con unas pocas escenas para dibujar estos panoramas más íntimos o personales y por eso funcionan tan bien, sin hacerse para nada pesados o rebajar el interés generado por la trama central.

El reparto también lo hace perfectamente y eso que está formado por caras para mí casi totalmente desconocidas (tan solo recordaba haber visto a Holt McCallany como secundario en varias películas). Aunque quizás el hecho de no ver rostros muy famosos ayude a reforzar la credibilidad que transmite la serie en todos sus aspectos. Los protagonistas Jonathan Groff y el mentado McCallany encajan y se complementan muy bien, pero la gran sorpresa la da el gigantón Cameron Britton en el rol del brutal e inteligente asesino Edmund Kemper, ya que muchas de las grandes frases y reflexiones que oiremos tienen que ver con sus apariciones, cuando no las dice él mismo directamente.

Estéticamente es una serie muy cuidada, con una perfecta ambientación setentera y en la que además apenas se muestran escenas violentas o desagradables… visualmente, porque narrativamente sí que oiremos algunas salvajadas no aptas para estómagos ni mentes sensibles, ya que están relatadas con tanta naturalidad que es difícil que el espectador no las “visualice” de alguna forma en su mente. Me parece otro de sus méritos: recrear el horror sin mostrarlo explícitamente. Y una extraña capacidad la que tiene Fincher para narrar cosas tan macabras y hacer que resulten tan interesantes sin que por ello dejen de parecerte realmente desagradables y atroces.

Así que a su primera temporada la valoro con un 8,5 porque me ha parecido un inicio apasionante, cada vez más con el paso de los capítulos, pero teniendo en cuenta que es una de esas series que hay que disfrutar con gran atención y sin prisa porque sucedan cosas. Para que fuera perfecta le sobrarían algunos elementos quizás innecesarios o que no aportan gran cosa a la trama, sobre todo en relación a la vida personal de la protagonista femenina (la mencionada psicóloga interpretada por Anna Torv), pese a que estos son mínimos, pero al no ser una serie ya concluida tampoco la voy a valorar mejor hasta que no vea cómo va creciendo o en qué forma concluye la historia. Aunque tiene pinta de que va a ser de las grandes, no en vano su segunda temporada se confirmó meses antes del estreno de la primera, lo cual no es para nada habitual en una serie nueva en los tiempos que corren. Por “algo” será.

«¿Cómo vamos a anticiparnos a los locos si no sabemos cómo piensan?»
(Bill Tench)
«Si quieres trufas debes meterte en el barro con los cerdos.»
(Holden Ford)
«—A los que cazamos personas por vocación, lo que más nos gusta es contar cómo nos sentimos al hacerlo.
+ Interesante elección de palabras: “vocación”.
—Bueno, ¿cómo lo llamarías tú? ¿”Hobby”? Es mucho más que eso.»

(Ed Kemper conversando con Holden Ford)

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