Hermanos de sangre

Título original: Band of brothers
País: 
Estados Unidos
Duración: 1 temporada, 10 capítulos (60 mins. aprox. cada uno)
Año: 2001
Creador: Stephen E. Ambrose
Directores: Mikael SalomonDavid FrankelTom HanksDavid Nutter y otros
Reparto: Damian Lewis, Ron Livingston, Donnie WahlbergScott GrimesNeal McDonoughFrank John HughesMatthew SettleShane TaylorMichael CudlitzDexter FletcherKirk AcevedoEion BaileyRoss McCallRick GomezRobin LaingJames MadioRick WardenPeter Youngblood HillsMatthew LeitchNolan Hemmings, Richard Speight Jr.Nicholas AaronPeter McCabeCraig HeaneyTim MatthewsDoug AllenDale DyeDavid Schwimmer, Colin HanksMichael FassbenderTom HardyMarc Warren, Matt HickeyJames McAvoyStephen GrahamAndrew Scott, Corey JohnsonAnatole TaubmanLucie JeanneWolf Kahler, Jimmy FallonSimon PeggDominic Cooper
Género: Bélico. Drama. Acción.
Mi puntuación:  10 / 10

Títulos de crédito iniciales:

Tras el gran éxito obtenido por Salvar al soldado Ryan, Steven Spielberg y Tom Hanks continuaron “inmersos” en la II Guerra Mundial y se embarcaron en la producción de una miniserie para la HBO que se centra principalmente en la actuación de la Compañía Easy, del 506º Regimiento de Paracaidistas del Ejército de Estados Unidos, en dicha contienda. Basada en un libro escrito por el historiador Stephen E. Ambrose, Band of brothers, nos muestra el paso de dicha compañía por Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania y Austria, desde el Día D hasta el final de la Guerra, por lo cual sirve de “resumen” de lo que fue la intervención norteamericana en el conflicto.

Cada uno de los diez capítulos que componen la miniserie arranca con los testimonios reales de algunos miembros de la compañía que aún vivían en el momento del rodaje, quienes relatan con una mezcla de tristeza y emoción algunas de las situaciones más significativas que vivieron en esa Guerra. Desde ese punto de partida, cada episodio aborda un tema o punto de vista distinto acerca de cómo fue la vida de los soldados norteamericanos durante el conflicto bélico, aunque seguramente se podría extrapolar a los de cualquier otro ejército y época: su entrenamiento, su primer contacto con la “guerra real”, sus dudas acerca del sentido que tenía lo que hacían y de si en verdad los “malos” eran tan malos, la importancia que tenían los cargos intermedios en los regimientos para que sus miembros estuvieran más unidos, cómo afrontaban la situación los médicos militares, lo difícil que era en ocasiones para los soldados de reemplazo integrarse en unos grupos ya formados y con muchas vivencias dolorosas compartidas, o incluso los problemas que podrían tener todos estos combatientes para adaptarse a la sociedad civil una vez volvieran a casa (si es que lo hacían), por citar solo algunas de las cuestiones más interesantes.

Todo ello está narrado con una verosimilitud insuperable, tomándose el tiempo necesario para que conozcamos las distintas personalidades de los numerosos personajes así como, en general, el funcionamiento de un regimiento en combate. Por ello, muchos minutos de la serie transcurren en las trincheras, con los soldados aburriéndose y esperando a que pase algo, porque en la guerra “real” hay mucho más de eso que de lo que entendemos por acción pura y dura. También veremos cómo se elaboraban las tácticas y estrategias, cómo se movían los soldados y las diversas formaciones en que lo hacían, la importancia clave que tenían elementos como los cruces de carreteras o puentes, etc. pero sin dejar de recordarnos siempre la vital trascendencia del azar en la supervivencia de cada soldado ya que, por muy bien entrenados y dirigidos que estuvieran, en no pocas ocasiones apenas unos centímetros marcaban la diferencia entre seguir vivo o no (especialmente cuando eran atacados desde el aire).

El hecho de que la mayor parte del reparto estuviera formado por rostros muy poco conocidos en su momento (con la quizás única excepción de Ross, digo de David Schwimmer, que en los primeros capítulos interpreta al capitán Sobel que tanto martiriza a los soldados con sus métodos de entrenamiento y disciplina) también contribuye a aumentar ese realismo que mencionaba antes. Todos los actores resultan francamente creíbles, tanto los que tienen papeles importantes como los que aparecen en un solo episodio, dando una sensación de cohesión en la que nadie desentona lo más mínimo. Como curiosidad, a lo largo de los capítulos veremos a unos casi primerizos Michael Fassbender, James McAvoy, Colin Hanks, Simon Pegg, Tom Hardy (en este caso sin “casi”, porque debutó aquí) o el propio Damian Lewis (el mayor protagonista de la miniserie, hoy archiconocido por ser el “pelirrojo de Homeland pero por aquel entonces un completo desconocido), lo cual da una buena idea de la gran labor que hicieron los encargados del casting porque estamos hablando de algunos de los actores más cotizados del cine y la televisión de hoy en día.

Técnicamente es un producto intachable, perfectamente rodado, excelentemente fotografiado y con una cuidadísima ambientación, siguiendo la misma línea que la mencionada Salvar al soldado Ryan. De hecho hay quien dice, con cierta malicia, que Hermanos de sangre es como aquella pero con guión, en referencia a sus grandes virtudes técnicas pero que en esta ocasión van unidas a una serie de tramas mucho más elaboradas y verosímiles (aunque a mí el filme de Spielberg también me parece espectacular, me encanta incluso reconociendo que la misión central de la que parte es un tanto “ilógica”). Y, por si visualmente no fuera lo suficientemente potente e impactante, la preciosa y emotiva banda sonora compuesta por el malogrado Michael Kamen es digna de ser oída una y otra vez.

Pero, aun con todas las bondades que ya he escrito, lo que en realidad me hace definir Hermanos de sangre como un producto absolutamente redondo e inolvidable, es la forma en la que transmite al espectador la sensación de camadería, de confianza en la persona que tienes al lado incluso aunque apenas la conozcas, de unión, de grupo, incluso de corporativismo si queremos decirlo así (que no es lo mismo que patriotismo, aunque también haya algo de eso). Es casi imposible que alguien que vea esta miniserie no se sienta como uno más de los soldados y no sufra con cada herido o con cada fallecido. Cada vez que la veo yo, y ya son varias, lo hago en total tensión y con mucha emoción, totalmente sumergido en ese caos de la guerra y con los sentimientos a flor de piel. Creo que el título traducido en nuestro país, por una vez, es más acertado que el original porque define mejor aún qué es lo que veremos en la miniserie.

Con episodios tan inolvidables, ya sea por su espectacularidad, por su dramatismo o por su intensidad, como el del desembarco aéreo del Día D, o el que nos narra las desventuras del médico de la compañía, o el que transcurre en un bosque nevado de las Ardenas, o aquel en el que descubren un campo de concentración (uno de los momentos más duros e impactantes que he visto en una serie, que además muestra perfectamente el desconcierto de los americanos que no sabían qué extraño campo de trabajo era ese con el que se habían topado), o… bueno, mejor paro porque al final cito los diez que tiene. La cuestión es que no creo que nunca vuelva a ver una miniserie que llegue a la altura, a la perfección, de esta. Ni siquiera su sucesora, The Pacific, que repitiendo parte de los productores y siguiendo la misma idea y estilo narraba las vivencias de unos marines norteamericanos en su enfrentamiento con el Imperio Japonés, está cerca de este nivel. Si hace poco escribía que Dunkerque me gustó tanto porque me hizo sentir casi físicamente “dentro” de la guerra, Hermanos de sangre hace lo mismo pero además también me implica emocionalmente con todos sus personajes, así que no le puedo pedir más. Porque, además, el documental We stand alone together que acompaña a la edición en DVD pone un brillante broche final a esta historia, con más conmovedores testimonios de sus protagonistas reales.

Y para cerrar la entrada, un puñado frases de algunos de los personajes más memorables de la serie:

Capitán Sobel, se saluda al rango, no al hombre.
(el ascendido a Mayor Richard Winters bajando los humos a su antiguo y engreído superior)


Tienes razón, puede que este sea el mejor sitio para dejar de beber,
justo en medio de la avanzada Aliada. ¡Salud!

(su gran amigo el Capitán Lewis Nixon, con su inseparable copa de Vat 69 en la mano)

—Quiere saber si lo que cuentan acerca de mí es cierto, ¿no? ¿Se ha fijado en que en ese tipo de historias todo el mundo dice que se las ha oído a alguien que estaba allí, y cuando se le pregunta a esa persona dice a su vez que se las ha oído a otro testigo? Ocurre desde siempre. Si retrocediera dos mil años oiría murmurar a un par de centuriones sobre cómo Tercio había decapitado personalmente a unos prisioneros cartagineses.
—Bueno, puede que murmurasen porque jamás habían oído a Tercio negarlo.
—¿Y no ha pensado que a Tercio pudiera convenirle que los demás creyeran que él era el mayor hijo de puta de toda la legión?
(el Capitán Ronald Speirs exponiendo al Teniente Carwood Lipton su idea sobre la importancia mantener una reputación)

Cuando entras en combate, solo puedes confiar en ti y en el compañero que tienes al lado.
(el curtido Sargento Bill Guarnere)

 

—Ey, te he buscado por todas partes, ¿dónde estabas?
—Pues estaba en mi casa, Don, pero Hitler decidió montar todo esto así que ahora estoy aquí.
(la respuesta de Warren Muck a la pregunta de su buen colega Donald Malarkey define bien la resignación de tantos hombres que tuvieron que “pausar” su vida -en el mejor de los casos- para desplazarse al otro lado del mundo sin comerlo ni beberlo)

Y no podría faltar el “grito de guerra” de la Compañía Easy:

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