Perdidos

Título original: Lost
País: 
Estados Unidos
Duración: 6 temporadas, 118 capítulos (42 mins. aprox. cada uno)
Años: 2004-2010
Creadores: J.J. AbramsDamon LindelofJeffrey Lieber
Directores: Jack BenderStephen WilliamsJ.J. AbramsAlan Taylor y otros
Reparto: Matthew FoxTerry O’QuinnEvangeline LillyJosh HollowayMichael EmersonJorge GarciaNaveen AndrewsYunjin KimDaniel Dae KimHenry Ian CusickDominic MonaghanEmilie de RavinElizabeth MitchellHarold PerrineauMalcolm David KelleyMaggie GraceIan SomerhalderMichelle RodriguezAdewale Akinnuoye-AgbajeCynthia WatrosNestor CarbonellWilliam MapotherMira FurlanTania RaymondeM.C. GaineyJeremy DaviesKen LeungRebecca MaderJeff FaheyL. Scott CaldwellSam AndersonJohn TerryAlan DaleSonya WalgerMark PellegrinoFionnula FlanaganTitus Welliver, Zuleikha RobinsonKiele SanchezRodrigo SantoroMichael BowenDoug HutchisonBrett CullenJulie BowenDylan MinnetteKim DickensKatey SagalKevin DurandHiroyuki SanadaJohn HawkesSaïd TaghmaouiLance ReddickGreg GrunbergClancy BrownRachel TicotinMichael CudlitzNathan FillionJustin Chatwin, Robin WeigertDean NorrisRobert PatrickZeljko IvanekTheo Rossi
Género: Aventuras. Ciencia ficción. Drama. Intriga.
Mi puntuación:  8,5 / 10

Turno hoy para comentar otra serie, pero no una cualquiera sino una de las más relevantes y exitosas que se han creado: Perdidos, de la cadena norteamericana ABC. La vi en su momento siguiéndola al ritmo al que se emitía en Estados Unidos (quizás esta serie fue la primera en ser mundialmente pirateada cada semana por millones de personas), pero me apetecía repasarla para ver si cambiaba el mal sabor de boca que me dejó su parte final tras haberme enganchado completamente durante más de cien capítulos. Esta vez sí me ha convencido más ese cierre, pero es evidente que lo mejor de la serie se concentra en sus primeras cuatro temporadas (de hecho, recordaba un montón de detalles y escenas de ellas pero casi ninguno de las dos últimas, algo bastante elocuente).

Y es que esas primeras temporadas son adictivas a más no poder. Su capacidad de generar interés en el espectador es incuestionable y eso que el punto de partida de la serie no parece excesivamente llamativo o novedoso: un avión de la ficticia compañía Oceanic Airlines sufre un aparatoso accidente en el aire y los supervivientes han de unir sus fuerzas para seguir con vida en una isla del Pacífico, aparentemente desierta. Pero, como era de esperar, la isla no es ni mucho menos un territorio virgen y en ella empiezan a suceder cosas cada vez más extrañas.

Ahí es donde entra en juego la capacidad inventiva de los creadores de la serie, que se lucen en ese aspecto porque en un espacio tan reducido y cerrado como lo es una isla son capaces de “plantar” osos polares (sí, en medio del Pacífico), peligrosos indígenas, un monstruo escalofriante, laboratorios y centros de experimentación científica, un barco del siglo XIX encallado en medio de una selva, estatuas y templos de civilizaciones antiquísimas o espíritus susurrantes, entre muchísimas más cosas “raras”, incluida una secuencia numérica que todo el que haya visto la serie conocerá mejor que los decimales del número pi, porque es tan enigmática como recurrente en la trama: 4 8 15 16 23 42. Y todo ello, que así descrito podría parecer un disparate, lo introducen en la trama de forma coherente casi siempre, dentro del contexto de la historia y partiendo de la base de que lo que vemos es fantasía o ciencia ficción, no algo que pudiera pasar en la realidad.

Tal sucesión de elementos fantásticos, sumados a los impredecibles giros que da la historia (en parte por eso mismo, porque puede ocurrir literalmente de todo, es imposible adivinar qué sucederá en el siguiente episodio), hacen que a cada capítulo te vayas enganchando más y más en busca de una respuesta a las numerosas preguntas que van planteándose conforme los personajes van descubriendo nuevos detalles de la isla, siendo esta una de las principales críticas que se le han hecho a la serie: que al final quedan demasiadas preguntas sin respuesta. Pero yo no estoy para nada de acuerdo con esa afirmación, porque las principales cuestiones de la trama y los elementos más desconcertantes (mismamente, la tan criticada como anecdótica presencia de los mentados osos polares) sí que se resuelven en algún momento.

Para mí, el problema llega a partir de la quinta temporada, aproximadamente. Y más en concreto cuando se recurre demasiado a un elemento que casi nunca me convence, como es el de los viajes temporales, paradojas incluidas. Ya habían “aparecido” en los últimos capítulos de la cuarta temporada, pero a partir de la quinta me parece que empiezan a volverse un tanto incoherentes (comento el detalle que más me molesta al final del post) y a partir de ahí, en mi opinión, se dan demasiadas vueltas (y más aún en la última temporada), para llegar a una conclusión que no habría requerido de tanto artificio. No me parece un mal cierre e incluso creo que es un final muy emotivo, pero la forma en que se llega hasta él podría haberse narrado de forma mucho más sencilla que como lo hace la enrevesada sexta temporada. Y además te deja con la sensación de que han sido demasiadas alforjas para tan poco viaje, de que el cierre ha sido más simple de lo que cabría esperar viendo todas las ocurrencias que habían tenido los guionistas hasta ese momento. Pero también hablo un poco más de esto al final de la entrada, para no entrar en spoiler aquí.

Aunque, en realidad, lo que te atrapa definitivamente en esta historia no es el misterio que ofrecen todos esos elementos inesperados de los que ha hablado antes. Eso es algo que atrae y engancha, pero sin el variopinto grupo de protagonistas y lo bien definidos y trazados que están cada uno de ellos (bueno, excepto en los lamentables casos de Nikki y Paulo, dos personajes que tienen un paso tan fugaz como inservible en la tercera temporada), la historia no habría podido calar tan hondo en tanta gente. A todos les iremos conociendo a base de flashbacks que nos muestran diversos sucesos de su pasado, casi siempre trágicos, y así iremos viendo que ninguno de ellos es ni tan “bueno” ni tan “malo” como pueda parecer en principio y que todos tienen razones sobradas, o al menos comprensibles, para ser como son y para actuar como actúan.

De este modo, cada espectador se encariñará con alguien distinto, porque no todos van a adorar a ese guapo y noble médico que es Jack ni todos van a odiar a ese chulo engreído y faltón que es Sawyer. La guapa y dulce Kate es más peligrosa que la mayoría de los supervivientes, el torturador iraquí Sayid no es tan “malo” como por su trabajo pudiera parecer, el intrépido y sabio cazador Locke era muy distinto en su vida cotidiana, el buenazo de Hurley esconde secretos inconfesables, el matrimonio coreano de Sun y Jin no es tan idílico como aparenta, etc. Esta dualidad moral o de comportamiento de los personajes es algo recurrente hoy en día en casi todas las series de éxito, pero por aquel entonces no era tan habitual (Los Soprano aparte, claro). Y casi todos los actores tienen el carisma y talento suficiente para meterse de lleno en esos roles; de hecho, para bien o para mal muchos de ellos estarán siempre asociados a estos personajes. Pero los que se llevan la palma son Terry O’Quinn y Michael Emerson, quizás por meterse en la piel de los que más matices tienen y más enigmáticos resultan (Locke y Ben Linus, respectivamente).

Como decía, iremos conociendo poco a poco a todos los personajes puesto que cada capítulo nos narra hechos del pasado de uno de ellos intercalándolos con sucesos de la trama “presente”, hasta que a partir del episodio final de la tercera temporada lo que nos cuentan es el futuro de algunos supervivientes a través de flashforwards. Aunque sus vidas y orígenes sean muy diversos, todos tienen un punto en común: en el momento de subir al avión sus vidas distaban mucho de ser felices, por un motivo u otro todos ellos se encontraban totalmente “perdidos” (supongo que el título de la serie va más por ahí que por el hecho de que estén perdidos en la isla). Así, tras sobrevivir al accidente en una tierra extraña y fuera de su mundo habitual tienen la oportunidad de adoptar nuevos roles y encontrar nuevas motivaciones, entrando en juego la idea del “destino”, una de las claves de la serie. Se habla mucho de eso, del destino, de lo diferentes que son ese concepto y el de la “casualidad”. Pero también se habla de la fe, más allá de la religiosa, de creer en algo aunque no se comprenda completamente. Y como oposición a ello, la razón, lo explicable. En la serie, el principal “hombre de fe” es Locke, enfrentado por ello desde casi el principio al “hombre de ciencia”, Jack, aunque con el transcurso de los episodios tanto uno como otro irán variando sus posturas e incluso irán siendo más parecidos de lo que ellos mismos creen. Un debate más que interesante y universal, el de la lógica frente a la fe, que sobrevuela constantemente cada uno de los sucesos de la trama.

Pero más allá de sus reflexiones, por lo que me parece tan recomendable esta serie es por ser un producto de evasión pura y dura, un entretenimiento del bueno. Aunque al final cojee un poco eso no es suficiente para lastrar todos los ratos de diversión, tensión, alegría, sufrimiento, intriga, emoción y aventura que nos hace pasar anteriormente, ni todo el cariño que has cogido a ese grupo de “perdidos” (que no perdedores) con el paso de los capítulos y, en definitiva, todas esas horas que has pasado “sobreviviendo” en una isla mágica y no en tu vida real.

Una vez que permitas que tu dolor se convierta en ira nunca desaparecerá. Hablo por experiencia.
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SPOILER
(para leerlo, seleccionar el texto que hay a partir de las flechas rojas, que está oculto para evitar lecturas “accidentales”; son cuatro párrafos)

⇒⇒⇒El detalle que tanto me molesta tiene que ver con el vuelo 316 de Ajira, mediante el que los ‘Oceanic Six’ vuelven a la isla (salvo el bebé Aaron). No entiendo por qué Sun, que era parte de ellos, no desaparece del avión ni viaja al pasado como sí lo hicieron Jack, Kate, Sayid y Hurley. Que no lo hicieran Ben o Lapidus encaja porque no eran parte de ese grupo pero lo de Sun, por más teorías que he leído, me parece un “truco” sin sentido alguno aparte del de hacer que su reencuentro posterior con Jin fuera más emotivo y dramático. Dentro de la historia y la multitud de tramas y elementos inexplicables este puede parecer una tontería, pero me parece tan obvio y descuidado que me chirría demasiado. Aunque ya he dicho antes que a partir de esa “vuelta a la isla”, de ese segundo avión, la trama empieza a cojear para mi gusto.

SOBRE EL FINAL DE LA SERIE:

Tras el último capítulo se debatió mucho acerca de si los personajes habían estado siempre muertos y lo que vimos era solo un “sueño” (a lo Resines en Los Serrano), una “aventura espiritual” o algo parecido. Yo entiendo que todo lo que pasa en la isla ocurre de verdad, al igual que los flahsbacks y flashforwards que vemos hasta la quinta temporada incluida. Otra cosa es que todo me parezca válido y congruente, que no es así (aunque hasta prácticamente la última temporada me “trague” todo lo que me han contado sin muchos problemas).

Por su parte, es evidente que la iglesia en la que se reúnen todos al final vendría a ser como el “limbo” o la “antesala del paraíso”. Lo que quizás no quede tan claro es que no todos han muerto a la vez sino que están esperándose para poder entrar en ese “paraíso” todos juntos. Algunos murieron en la isla (Charlie, Sayid, Jin, Sun, etc.), otros fuera de ella (Locke) y a otros no los vemos morir en la serie (Sawyer, Kate, Hurley, Richard, etc.) pero lo harían en algún momento posterior, como todo el mundo. Y, puesto que lo que estamos viendo en el último capítulo es la muerte de Jack en la isla, todos le están esperando a él (que, por otra parte, es el gran protagonista de la serie, así que tiene lógica que sea así e incluso sirve para que hagan uno de esos finales “circulares” que tanto gustan a los espectadores). Y me parece una idea muy bonita y emotiva esa de pasar a otra vida rodeado de tus seres queridos. En el caso de nuestros protagonistas, si no me equivoco salvo Penny (la novia de Desmond) el resto son los pasajeros del avión, supongo que por lo que ya he dicho antes, que todos ellos estaban “perdidos” en sus vidas y por ello no tendrían otros seres queridos (aunque esto parece un poco cogido por los pelos, la verdad).

Así que en ese sentido me parece un buen final. Lo que no me gusta es que para llegar a él se dedique buena parte de la sexta temporada a sacar imágenes de cómo hubiera sido la vida de todos los personajes si no se hubieran estrellado, como si fuera una especie de futuro alternativo. He leído teorías de que esto lo hicieron así en base al argumento de que hasta que no estuvieran “en paz” consigo mismos no podrían ir al cielo, por eso al morir cada uno se crea su realidad alternativa (en el caso de Jack, por ejemplo, tiene hasta un hijo cuando en la “vida real” no lo tenía) en la que les va mucho mejor, así superan sus miedos y por fin pueden ir al paraíso. O algo similar. Entiendo el concepto, aunque lo haya resumido de forma desastrosa, pero me parece que no hacía falta tanta floritura ni enrevesamiento para contar que todos morirán algún día y se reencontrarán en el cielo o en otra vida. Porque además, como ya he comentado antes, es un final un tanto repentino que te deja un sabor agridulce, como si hubieran cerrado de golpe una historia que aún tenía muchas más cosas interesantes que ofrecer. De hecho, uno de los extras de los DVDs viene a completar un poco esa historia, enseñando qué ocurre con la isla tras la muerte de Jack y con Hurley como protector de la misma. Pinchando aquí podéis verlo.

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