Trainspotting


Título original:
 Trainspotting
Duración: 1h 34mins
País:
 Reino Unido
Año: 1996
Director: Danny Boyle
Guión: John Hodge
Reparto: Ewan McGregorRobert CarlyleEwen BremnerJonny Lee MillerKevin McKiddKelly MacdonaldJames CosmoEileen NicholasShirley HendersonSusan VidlerPauline LynchPeter MullanIrvine Welsh
Género: Drama. Comedia negra.
Mi puntuación:  10 / 10

Monólogo con el que arranca la película
(toda una declaración de intenciones):

Ya que mañana se estrena la segunda parte de una de las películas de culto de los años 90, Trainspotting, es buen momento para hablar un poco de ella. Y más teniendo en cuenta que es uno de mis filmes favoritos, de los que me terminaron enganchando irremediablemente al cine cuando era un chaval con muy poco “bagaje peliculero” a mis espaldas. Tanto me gustó que me después de verla leí la novela homónima de Irvine Welsh en la que se basaba, y tras ella continué leyendo prácticamente todo lo que había escrito el autor escocés.

La historia está protagonizada por Mark Renton (Ewan McGregor) y sus amigos, un grupo de jóvenes escoceses de principios de los 90, la mayoría de los cuales está enganchado a la heroína. Algunos, entre ellos el propio Renton, ha intentado dejarla en varias ocasiones sin mucho éxito, pero esta vez nuestro protagonista parece decidido de verdad a superar su adicción y a convertirse en un ciudadano “normal” más. O no.

Bajo esta premisa inicial se esconde una brutal reflexión, cargada de un humor en ocasiones muy negro, sobre las consecuencias que conllevan las adicciones de todo tipo, empezando por la drogodependencia, claro. No fue un tema novedoso en la época en la que se estrenó, pero sí lo fue la forma en la que Boyle abordó el asunto: sin juzgar ni valorar a los personajes por ser adictos, limitándose a exponer por un lado las cosas “buenas” de las drogas y sus efectos y por otro los aspectos negativos de depender de ellas y cómo afectan a la vida del enganchado y a la de quienes le rodean, para que el espectador sacase sus propias conclusiones.

Pero la reflexión sobre las adicciones no se limita solamente al ámbito de las drogas, porque los personajes “sanos” que no se chutan están inmersos en una espiral tan autodestructiva o más que la de los heroinómanos. Ahí están los ejemplos de Tommy (Kevin McKidd), un joven deportista y que cuida su cuerpo pero al que en cuanto le deja la novia se hunde completamente como si su vida dependiera únicamente de estar con ella, o el aún más claro caso de Begbie (Robert Carlyle), un tipo que proclama orgulloso que él no se droga mientras reacciona con una violencia salvaje al más mínimo gesto que él considere una provocación (lo sea o no). Esto sirve para exponer que alguien sano puede ser mucho peor como persona y más dañino para quienes le rodean, o para sí mismo, que el yonki más enganchado (algo obvio para cualquiera que tenga dos dedos de frente, aunque no es poca la gente que ve a cualquier drogadicto casi como a un criminal o algo similar), y es otra muestra más de lo que comentaba antes, que la película no pretende juzgar la condición de adicto, solo mostrar lo que conlleva el hecho de serlo.

Aunque quizás la mayor adicción u obsesión que se cuestiona aquí sea la de ser “uno más” del redil, la de llevar la vida que desde niños nos dicen que debemos llevar sin posibilidad de salirte de ella sin ser tachado de raro, asocial o cualquier otro adjetivo parecido. Ironiza un poco, o un mucho, sobre el modelo consumista de la sociedad actual (mejor dicho, de la de hace 20 años, porque la de hoy es peor aún en este aspecto), en escenas y pensamientos como el inolvidable monólogo con el que se abre la película (lo podéis ver al principio de la entrada y también lo transcribo al final), pero además nos hace reflexionar acerca de la falta de ambiciones, motivaciones, dificultades y retos de los jóvenes de nuestra época, del individualismo o egoísmo que cada vez está más “normalizado” y justificado, o incluso sobre la decisiva influencia que tiene en cada persona el círculo de amistades del que se rodea, para bien o, en este caso, especialmente para mal (por ejemplo, la “caída” de Tommy la provocan sus propios colegas y en nada le ayudan a recuperarse, al contrario).

Danny Boyle dirige la función con gran brío y originalidad, afeando las imágenes para que todo parezca aún más sucio y cutre de lo que es (genial la secuencia del peor retrete de Escocia) y conjugando escenas duras (especialmente las que afectan a un bebé) con otras realmente desternillantes y con otras que son simplemente surrealistas (recurso quizás efectista pero más que acertado para mostrar los efectos de los chutes), mientras escuchamos de forma casi constante monólogos o diálogos callejeros pero clarividentes y mordaces pronunciados por los actores con un acento escocés cerrado que hace que todo resulte aún más auténtico. Y casi siempre al ritmo de unas canciones escogidas con total acierto para acompañar las imágenes; de hecho, no es raro encontrar su banda sonora como una de las mejores de la historia del cine en multitud de listas, aunque no me extenderé más porque ya escribí sobre ella en su día (aquí podéis ver, o escuchar, las dos entradas que le dediqué: I y II).

Más allá de esos mensajes y reflexiones que nos lanza, de la propia historia y de la forma en la que está mostrada por Boyle, los actores también contribuyen plenamente a que te creas todo lo que viven y sufren sus personajes. Es más, logran que casi cojas cariño a unos tipos que, enganchados o “limpios”, son una auténtica panda de hijos de fruta, porque salvando quizás a Spud (Ewen Bremner) el resto apenas muestra atisbos de tener un mínimo de empatía con quienes les rodean. Así que es lógico que a partir de este trabajo casi todos los intérpretes (varios de ellos debutantes) vieran como sus carreras tomaban una senda ascendente: Ewan McGregor es sin duda el que más éxito ha tenido y sigue teniendo (ya hay ganas de verle en la nueva temporada de Fargo), pero por ejemplo Robert Carlyle protagonizó solo un año después la mítica Full Monty, a Kevin McKidd le hemos visto en papeles importantes en series como la recomendable Roma o la famosa Anatomía de Grey, Kelly Macdonald ha participado en producciones tan prestigiosas como No es país para viejos o la serie Boardwalk Empire, etc.

Así que no iré con demasiadas expectativas a ver la secuela que se estrena mañana porque es imposible que me divierta e impacte tanto como lo hizo Trainspotting la primera vez que la vi. Con pasar un buen rato con las nuevas andanzas de Renton, Begbie y compañía me doy por más que satisfecho aunque, por otra parte, la novela que escribió Irvine Welsh como secuela, Porno, me gustó casi tanto como la original… así que quién sabe, quizás me lleve una sorpresa.

PD: aquí tenéis el significado de la palabra ‘trainspotting’ por si, como me sucedía a mí, no entendéis muy bien qué tienen que ver los ¿trenes? con la historia que nos cuentan la novela y el filme.

PD2: no puedo dejar de enlazar esta crítica de FilmAffinity porque me parece sublime. En unas pocas palabras, jugando con el monólogo inicial de Renton, define mil veces mejor que yo lo que es Trainspotting.

PD3: normalmente cierro mis “tomas” con una frase o diálogo memorable, pero aquí son tantas las reflexiones que podría destacar que no puedo quedarme solo con una… así que pondré tres, todas ellas pensamientos de Renton, empezando por su mítico monólogo del principio:

“Elige la vida.
Elige un empleo.
Elige una carrera.
Elige una familia.
Elige un televisor grande que te cagas.
Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos.
Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales.
Elige pagar hipotecas a interés fijo.
Elige un piso piloto.
Elige a tus amigos.
Elige ropa deportiva y maletas a juego.
Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos.
Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana.
Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura.
Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro.
Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa.
¿Y las razones? No hay razones.
¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”

“Cuando estás enganchado tienes una única preocupación, pillar, y cuando te desenganchas de pronto tienes que preocuparte de un montón de otras mierdas: no tengo dinero, no puedo ponerme pedo; tengo dinero, bebo demasiado; no consigo una piba, no hecho un polvo; tengo una piba, demasiado agobio. Tienes que preocuparte de las facturas, de la comida, de algún puto equipo de fútbol que nunca gana. De las relaciones personales, y de todos las cosas que en realidad no importan cuando estás auténtica y sinceramente enganchado a la heroína”.

“Diane tenía razón. El mundo está cambiando, la música está cambiando, las drogas están cambiando. Incluso los hombres y las mujeres están cambiando. Dentro de mil años ya no habrá tíos ni tías, solo gilipollas”.

4 espectadores han dejado su opinión

  • Hace ya muchos años esta cinta me sorprendio, y quedo grabada en mi retina, de las cosas que mas me gustaron es su ritmo estridente casi narcotico que va envolviendo a los personajes y te van abriendo paso a paso sus historias y sus miserias, perseguidos por sus miedos pero siempre con la esperanza de poder huir. Definitivamente una obra de arte con una fotografia impecable muy britanica y real.

    • Totalmente de acuerdo con tu comentario, sobre todo con lo de “quedó grabada en mi retina” porque esa es una de las cosas más destacables de ella, el impacto que produce la primera vez que la ves, imposible olvidar muchas de sus escenas.
      Un saludo y gracias por comentar! 😉

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