La La Land (La ciudad de las estrellas)


Título original:
La La Land
Duración: 2hrs 8mins
País:
Estados Unidos
Año: 2016
Director: Damien Chazelle
Guión: Damien Chazelle
Reparto: Emma Stone, Ryan Gosling, John Legend, Tom Everett Scott, Rosemarie DeWitt, Callie Hernandez, Jessica Rothe, Sonoya Mizuno, Jason Fuchs, J.K. Simmons, Finn Wittrock, Josh Pence, Miles Anderson
Género: Musical. Romántico. Comedia.
Mi puntuación:  7,5 / 10

Trailer en versión original subtitulada:

Este fin de semana tenía que ver La La Land. Aunque el género musical sea, en principio, de los que menos me atrae (salvo algunas honrosas excepciones como Cantando bajo la lluvia, Grease o Moulin Rouge, me suelen hastiar este tipo de películas repletas de bailes y canciones), el hecho de ser el filme que más Globos de Oro ha logrado jamás, las excelentes críticas que ha cosechado en todo el mundo (¡si incluso al “hater” de Carlos Boyero le ha gustado mucho!) y las muy buenas opiniones de cinéfilos de los que me fío, hacían que fuera ineludible el ir a verla. Y no fui ni mucho menos el único que lo pensó, porque jamás había visto una sala de los Cines Renoir llena hasta los topes en la sesión de las 16h de la tarde, salvo en algunas ediciones de la Fiesta del Cine.

La película arranca muy bien, con un multitudinario número musical que transcurre en mitad de un gigantesco atasco a la entrada de Los Ángeles, que da paso a la presentación de los dos protagonistas. Ella (Emma Stone), una aspirante a actriz envuelta en una vorágina de breves e improductivos castings y que trabaja de camarera; él (Ryan Gosling), un virtuoso pianista amante del jazz que quiere abrir su propio local pero que debe conformarse con tocar las típicas canciones “de fondo” en un restaurante para ganarse la vida; ambos, unos soñadores con objetivos claros que están muy lejos de alcanzar, por lo que es fácil que el público sienta simpatía por ellos o que se identifique de algún modo con estos dos jóvenes. Es una introducción ágil y certera, que muestra las vidas y motivaciones de los protagonistas de forma paralela con un ritmo perfecto (y no lo digo solo por la música, que también).

Después de esas acertadas presentaciones, la cosa mejora aún más cuando los dos personajes se conocen, porque asistimos a un delicioso “tira y afloja” entre ellos cargado de picardía e ingenio que no podía terminar de otra forma que no fuera con ambos juntos. La narración de los comienzos de su relación sigue la misma línea fresca y divertida del arranque, incluyendo algunos buenos golpes de humor y con números musicales tan atractivos para la vista como para el oído. Pero si esta parte del relato resulta tan entrañable, natural y veraz es, sobre todo, gracias a la perfecta química que tienen los dos protagonistas. Viéndoles aquí, te puedes creer que Stone y Gosling son una pareja y no dos actores interpretando un papel, algo que suena simple pero que no siempre se consigue de forma tan auténtica como en esta ocasión. Y si encima los dos cantan de forma más que aceptable y bailan, “zapatean” y se mueven de maravilla al son de la música, poco más se les puede pedir.

El filme está dividido en cinco capítulos, en función de las estaciones del año, y todo lo que he comentado hasta ahora transcurre en el primer invierno, la primavera y el comienzo del verano. Es decir, en la primera hora de la película aproximadamente. El problema es que, a partir de ahí, la historia se torna más rutinaria y tópica (tampoco es que la trama fuera precisamente original y novedosa antes, pero la forma en la que estaba narrada y la “chispa” que tenía sí lo eran), por lo que el interés decae un poco y los minutos empiezan a pesar. Sí, a mí la aclamadísima película se me ha hecho un poco larga e incluso me han sobrado un par de secuencias musicales de esta segunda mitad del metraje, porque me han parecido florituras bonitas pero innecesarias para el desarrollo de la historia (al contrario que el resto de números, sin los que la película no habría avanzado igual). Aunque, por fortuna, algún buen gag como el de la hilarante sesión de fotos del personaje de Gosling ha impedido que me desenganche del todo y, además, en el tramo final vuelve a levantar el vuelo para dejarnos con un buen sabor de boca cuando termina la función.

En cuanto a la banda sonora, uno de los puntos fuertes del filme, el director Damien Chazelle ha vuelto a contar con Justin Hurwitz para encargarse de ella, como ya hiciera en la extraordinaria Whiplash. Así, el jazz es nuevamente el protagonista absoluto en este aspecto, cargado de ritmos intensos y animados. Pero la música merece un post aparte, así que escribiré sobre ella en la próxima “entrada musical”. Por su parte, más allá de lo que comenté antes de que algunos me han parecido innecesarios para la historia, los números musicales son un espectáculo repleto de ritmo, color y buen rollo, tanto las coreografías más multitudinarias como las protagonizadas solo por los dos actores principales.

Pero, sinceramente, no me ha parecido para tanto. Es un buen musical, incluso a ratos sobresaliente, que se ve con suma facilidad y agrado pero al que le falta “algo” (o yo no lo he visto) para ser tan un filme tan memorable como casi todos dicen, tanto la prensa como los cinéfilos de webs como IMDb o FilmAffinity (mientras escribo esto, cuenta con un 8,8 y un 8,4 de nota media respectivamente, ahí es nada). La habilidad de Damien Chazelle para dirigir e imprimir fuerza a lo que nos quiere contar está fuera de toda duda, como ya demostró en Whiplash, pero el guión no está a ese nivel porque su historia no tiene prácticamente elementos diferentes a los que ya hemos visto muchas veces antes. Esas aclamadas reflexiones acerca de la persecución de los sueños a toda costa en lugar de conformarte con lo que tienes, el sentimiento de la nostalgia por lo que pudo ser y no fue, etc., por más que sean interesantes, que lo son, no dejan de estar ya muy vistas, no me aportan nada nuevo. Así que, si para tanta gente esta película es la mejor de 2016, se confirma lo que ya he escrito varias veces en entradas anteriores: cinéfilamente hablando ha sido el año más flojo de lo que va de década, sin ninguna duda.

Estoy dejando que la vida me golpee hasta que se canse, entonces la golpearé yo. Es el clásico contraataque.

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