Tarde para la ira

tarde

Título original: Tarde para la ira
Duración: 1 hr 28 mins
País:
España
Año: 2016
Director: Raúl Arévalo
Guión: Raúl Arévalo, David Pulido
Reparto: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Raúl Jiménez, Manolo Solo, Font García, Alicia Rubio
Género: Thriller. Crimen.

Mi puntuación:  8,5 / 10
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Trailer:

Corren buenos, muy buenos tiempos para el thriller español. Y es que en los últimos cinco años hemos tenido la fortuna de asistir al estreno de una serie de exponentes nacionales de dicho género de gran calidad y de lo más variado: desde el thriller con toques de terror psicológico de películas como la infravalorada Mientras duermes hasta el de acción de cintas como El Niño o El desconocido, pasando por el más cercano al cine negro de La isla mínima o el policiaco más puro de Grupo 7, sin olvidarnos de la inclasificable Obra 67 o incluso Magical girl. Este 2016 ya habíamos podido ver algún buen ejemplo más como Cien años de perdón o Toro, pero ninguna llegaba a la altura de las mencionadas de años anteriores. Hasta que ha llegado la primera película dirigida por Raúl Arévalo para «solucionarlo».

Es Arévalo un actor de gran potencial que en sus últimos trabajos me había parecido un tanto desaprovechado, pero que con su primera incursión como director ha demostrado que la experiencia de haber estado a las órdenes de algunos de los mejores realizadores de nuestro país le ha servido y mucho. Hay ciertos ecos del cine de algunos de esos directores (especialmente del de Alberto Rodríguez) en su ópera prima, pero muchos más de varios de los grandes del séptimo arte como el Martin Scorsese de los comienzos (por los brotes de violencia y la atmósfera insana del filme), Sam Peckinpah (la gran Perros de paja es para mí el referente más claro de todos, tanto por lo que cuenta como por la forma en que se va tejiendo la trama) o el español Carlos Saura (es imposible ver al personaje de Antonio de la Torre caminando con rostro inexpresivo pero con determinación y escopeta en mano por el seco campo castellano y no relacionarlo con la magnífica La caza), que demuestran que Arévalo no es solo un actor sino también un gran devorador de cine.

Él mismo ha escrito, junto con el novato en estas lides David Pulido (por lo que he leído, psicólogo de profesión, así que habrá aportado bastante a la hora de definir a los personajes), esta historia que sigue los pasos de Jose (Antonio de la Torre), un hombre que entra repentinamente en la vida de Ana (Ruth Díaz) poco antes de que el marido de ésta, Curro (Luis Callejo), salga de la cárcel tras haber pasado ocho años encerrado por ser uno de los autores de un violento atraco a una joyería.

Tras una rápida y realista persecución inicial en coche que muestra cómo fue detenido Curro, la película «salta» casi ocho años para arrancar con tranquilidad y tomándose su tiempo en ir presentando las distintas piezas de este puzzle en el que la tensión va poco a poco in crescendo. Durante muchos minutos no sucede gran cosa, pero a base de primeros planos de los rostros y miradas de los protagonistas sabes que algo va a ocurrir y eso logra ponerte aun más nervioso mientras haces cábalas de cuándo y cómo estallará todo. Así, la situación cada vez se va poniendo más «fea», tanto como algunos de los lugares en los que transcurre (bares cutres, calles de las afueras madrileñas, zonas rurales de la seca meseta castellana, etc.), y el ambiente se va cargando cada vez más mientras esperamos la inevitable venganza que se está cociendo a fuego lento. Y es que, si de algo va sobrada la película, es de atmósfera. El granulado de las imágenes ayuda a ello, porque las avejenta y «ensucia» un poco para hacerlas más realistas si cabe dentro de esta historia (si los fotogramas fueran pulcros y brillantes, no podrían transmitir la misma sensación de incomodidad o inquietud), y los puntuales estallidos de violencia salvaje no hacen más que confirmar nuestros peores temores y sacudirnos en el asiento.

Los actores también contribuyen enormemente a crear ese inhóspito ambiente. Que Antonio de la Torre es un grande de la actuación ya es algo de sobra conocido, y aquí da una lección de cómo acojonar desde la contención más absoluta. Su hermetismo y frialdad hace que su personaje dé más «miedo» porque, por otra parte, su decidida mirada refleja que está a punto de estallar en cualquier momento y que es capaz de hacer cualquier cosa para lograr su objetivo sin inmutarse ni vacilar lo más mínimo. A su lado, Luis Callejo por fin tiene un papel de más relevancia de los que suele interpretar, y es casi el polo opuesto de su coprotagonista: nervioso, irascible y violento, pero en el fondo no parece tan peligroso como su (forzoso) compañero de viaje. Junto a ellos, la para mí hasta ahora desconocida Ruth Díaz ofrece algunos de los momentos más dramáticos del filme en una actuación que le valió el premio a la mejor actriz del reciente Festival de Venecia, mientras los secundarios Raúl Jiménez, Font García y, especialmente, un genial Manolo Solo tampoco desentonan para nada en sus breves apariciones.

Quizás le falte un punto de originalidad a la trama para ser realmente una obra maestra (o casi), porque todo lo que vemos resulta tan coherente dentro de la narración como poco sorprendente, y le sobre alguna secuencia que no aporta gran cosa al relato. Pero por todo lo demás, incluidas las escasas dosis de humor (que encajan curiosamente bien y sin que parezcan forzadas entre tanta tensión), la película es un acierto rotundo de cómo rodar y narrar una historia sin florituras ni adornos innecesarios. Es un filme sencillo, seco, tenso, duro, incluso desagradable a veces… y totalmente adictivo para casi cualquier espectador.

Así que estamos ante otro gran ejemplo de que el thriller español de hoy en día no tiene nada que envidiar al que se haga en ninguna otra parte del mundo. Y este viernes llega a nuestras pantallas lo nuevo de uno de los principales «culpables» de esta situación, el ya mencionado Alberto Rodríguez. Esperemos que El hombre de las mil caras nos depare tantos ratos de angustia y buen cine como esta ópera prima de Raúl Arévalo, porque eso sería una grandísima noticia.

Los colegas están ahí, son lo que son… pero, ¿la familia? La familia es sangre.

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