Cien años de perdón

100añosPstTítulo original: Cien años de perdón
Duración: 1hr 36mins
País:
 España
Año: 2016
Director: Daniel Calparsoro
Guión: Jorge Guerricaechevarría
Reparto: Rodrigo De la SernaLuis TosarPatricia VicoJoaquín FurrielLuciano CáceresRaúl ArévaloMarian ÁlvarezLuis CallejoJosé CoronadoDiego StarostaJulio MarticorenaNani JiménezMiquel FernándezJoaquín Climent
Género: Thriller.

Mi puntuación:  7 / 10
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Trailer (en español):

Durante un lluvioso día que ha provocado un tremendo caos circulatorio en Valencia, seis hombres fuertemente armados y cargados de explosivos irrumpen en una importante central bancaria con el objetivo de llevarse todo lo que contengan sus cajas fuertes. El robo parece complicarse cuando un empleado consigue dar la alarma, pero el cuidadoso plan trazado por el cabecilla de la banda, conocido como ‘El uruguayo’ (Rodrigo de la Serna), ya contemplaba la posibilidad de que los atracadores se vieran rodeados por la policía y por ello contaba con un plan de escape alternativo: un túnel excavado bajo la oficina, que comunica con una antigua estación de metro abandonada. El problema es que las fuertes lluvias han inundado dicho túnel casi por completo, lo que unido a la revelación que le hace la directora del banco (Patricia Vico) a otro de los asaltantes, ‘El gallego’ (Luis Tosar), acerca del importante contenido de una de las cajas de seguridad, provoca que se desaten la tensión y las discusiones entre los delincuentes.

100años1Daniel Calparsoro no es un director que me apasione (por no decir que ninguna de las películas suyas que había visto hasta ahora me había gustado), pero en esta ocasión dirige con brío un estimable thriller cuyos fallos no son achacables a  la labor del realizador catalán. Estéticamente es un producto vistoso y cuidado, que una vez más demuestra que ya tenemos poco que envidiar a «los americanos» a la hora de realizar películas de este tipo, al menos desde el punto de vista del acabado técnico. Lo único que desentona un poco en ocasiones es el sonido, que no parece estar del todo bien editado e impide escuchar con claridad algunas frases de los personajes. Claro que esto puede no ser defecto de la propia cinta, sino de la sala en la que la vi o incluso de la dicción de los actores (y no lo digo por el acento de los argentinos). Defecto poco importante, en todo caso.

El principal problema de la película es que como thriller de atracos puro y duro no funciona todo lo bien que debería. Primero, porque es bastante predecible en algunas ocasiones. Segundo, porque presenta una serie de clichés que no aportan nada y que se podrían haber ahorrado fácilmente (la figura del atracador «heroico» y noble, la de la rehén desafiante, una especie de breve romance platónico, etc.). Y tercero, porque algunas situaciones están resueltas de forma demasiado torpe y descuidada, mientras otras parecen enrevesadas en exceso. Pero, pese a ello, el interés de lo que nos cuentan no llega a decaer del todo en ningún momento.

Lo que consigue mantener ese interés, por lo menos en mi caso, es la introducción del elemento político-social. Y eso que al principio temí que su crítica social fuera a ser demasiado burda y simplona, ya que la película empieza mostrando a unos cuantos clientes siendo aparentemente «puteados» por los empleados del banco, como para que no lamentemos tanto el asalto que va a sufrir en breve la oficina (ya sabéis, quien roba a un ladrón tiene los cien años de perdón del título). Pero desde el mismo momento en el que conocemos, al poco de comenzar el atraco, que el comprometedor contenido de una caja fuerte podría destapar un grave caso de corrupción (¿En España, en Valencia? ¡Qué idea tan descabellada!), en esta ocasión de transfuguismo político, el atractivo de lo que nos cuentan se multiplica.

A partir de ahí, el asunto del robo, de los enfrentamientos entre los propios atracadores y del cómo conseguirán escapar queda relegado a un segundo plano. O casi. Y es que, aunque el juego de negociación y engaños de los delincuentes con la policía también sea interesante, lo mejor es ver hasta dónde estaría dispuesto a llegar un gobierno, o una serie de políticos mejor dicho, para ocultar un puñado de turbios secretos a toda costa. Sí, es una película de ficción, pero lamentablemente no creo que la realidad sea tan distinta de mucho de lo que vemos. Quizás que lleguen al punto de arriesgar la vida de rehenes para proteger sus puestos no (supongo y espero), pero lo de utilizar «activos dudosos» -ya sean policías o guardias corruptos, o incluso antiguos delincuentes-, extorsiones y chantajes para lograr sus objetivos… me da que no es una idea tan exagerada o fantasiosa.

Por su parte, el amplio reparto plagado de caras conocidas funciona bien en general, aunque algunos actores (como Raúl Arévalo, Marian Álvarez o, sobre todo, un flojísimo José Coronado) estén lejos de su mejor nivel, metidos en la piel de personajes no desarrollados más allá del estereotipo. Mejor definidos están los atracadores, y eso lo aprovechan tanto Luis Tosar (sí, últimamente sale hasta en la sopa, pero ¿alguna vez decepciona?) como los actores argentinos. Especialmente acertada es la actuación de Rodrigo de la Serna, cargando con gran parte del peso de la película de forma convincente e impetuosa, aunque no lo hace nada mal tampoco Joaquín Furriel en el rol de ‘El loco’, un joven atracador hablador e impulsivo que no para de meter la pata.

Así que poniendo en una balanza todo lo bueno y lo malo de la película, gana claramente lo bueno, pero siempre con la sensación de que se ha desaprovechado una más que interesante idea con la que se podría haber realizado algo aún mejor. Un buen thriller más de nuestro país, aunque no llega a la altura de otros «productos nacionales» del mismo estilo que hemos visto últimamente como El Niño o El desconocido (también con la presencia de Tosar en ambas, cómo no).

Señoras y señores, esto es un atraco. Y, para que no haya malentendidos, no me refiero a los que se realizan cotidianamente en estas oficinas.

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