Ocho apellidos catalanes

ApellCataPstTítulo original: Ocho apellidos catalanes
Duración: 1hr 39mins
País:
 España
Año: 2015
Director: Emilio Martínez Lázaro
Guión: Borja CobeagaDiego San José
Reparto: Dani RoviraClara LagoKarra ElejaldeCarmen MachiBerto RomeroRosa Maria SardàBelén CuestaAlfonso SánchezAlberto LópezAgustín JiménezEsperanza PedreñoTxabi Franquesa
Género: Comedia.
Web oficial: http://www.8apellidoscatalaneslapelicula.es/

Mi puntuación:  6 / 10
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Trailer:

Como ya comenté en su día, Ocho apellidos vascos me hizo reír mucho a pesar de sus evidentes carencias técnicas. Sus golpes de humor eran simples pero muy efectivos, de hecho la he visto tres veces y en la tercera aún solté varias carcajadas. Sin embargo, su secuela no me motivaba en absoluto porque no le veía mucho sentido a intentar prolongar innecesariamente una broma que había salido inesperadamente bien a la primera. Y menos después de ver su desacertado trailer.

En esta ocasión la historia comienza meses después del final de aquella primera entrega, con Rafa (Dani Rovira) y Amaia (Clara Lago) separados y sin saber nada el uno del otro desde hace tiempo. Amaia se va a casar en breve con un catalán llamado Pau (Berto Romero), así que su padre Koldo (Karra Elejalde) viaja hasta Sevilla, en contra de todos sus principios de no pisar jamás suelo español, para convencer a Rafa de que vayan a Catalunya a impedir que la boda se celebre.

Sorprendentemente, y a pesar de que su argumento sea poco menos que un disparate y su desarrollo más que previsible, la película ha vuelto a hacerme reír bastante. Sobre todo en su arranque, en el que nuevamente recurre a un tipo de humor basado en los tópicos y clichés sobre los vascos y los andaluces pero que vuelve a funcionar sin resultar demasiado repetitivo. En esos primeros minutos las risas son frecuentes y mucha culpa de ello la tiene la gran química que se nota entre el desternillante Karra Elejalde (exagerado pero enorme una vez más) y Dani Rovira (que no es “un Marlon Brando” pero que tiene talento para la comedia, por mucho que bastante gente se haya cansado ya, con cierta razón, de verle en todas partes a todas horas). Solo ellos dos juntos serían capaces de hacer que una escena tan descabellada como la del trasbordo de Atocha resulte tan graciosa, por poner un ejemplo (genial ese «¿Qué mira, señora, nunca ha visto a un vasco con fundamentos o qué, pues?» que suelta Koldo en un momento dado).

La cosa decae cuando los protagonistas llegan a Catalunya. No sé si porque lo catalán me es mucho más ajeno que lo vasco, la cuestión es que muchos de los chistes basados en el referéndum, la independencia, los Mossos o la tacañería de los catalanes (entre otras cosas) apenas me han hecho esbozar una leve sonrisa. El ejemplo más claro es la escena de los apellidos que da nombre a la película, que en la primera era uno de los momentos más hilarantes y aquí parece totalmente metida con calzador, sin gracia alguna.

Además los personajes de Berto Romero y sus colegas, unos catalanes jóvenes cultos, modernos y alternativos (con sus barbas cuidadísimas, sus camisas horteras ajustadas y sus gafas de pasta) me han resultado más ridículos que graciosos. Vamos, que en esta ocasión la parodia se ha querido forzar tanto que casi se ha caído en el esperpento, algo que no pasó con los andaluces y los vascos por mucho que se exageraran los estereotipos sobre ellos. Tan solo alguna frase que pronuncia Pau acerca de “los colores del karma” (o algo así) te hace reír un poco, el resto más bien nada. Bueno, de la “novedad catalana” también se salva a ratos el personaje de Rosa María Sardà (que interpreta a la “yaya del Pau”), porque aunque su historia no tenga mucho sentido al menos la actriz sí que consigue darle un toque bastante divertido.

Pero los mejores momentos de la película son los que protagonizan los personajes que ya conocíamos, los de Elejalde, Rovira, Carmen Machi o el dúo sevillano que forman Alfonso Sánchez y Alberto López (Clara Lago me ha vuelto a parecer fuera de lugar, demasiado seria y con más bien poca gracia) y las escenas que vuelven a utilizar el mismo tipo de gags que la primera. Quizás parezca poca cosa, pero si os reísteis con aquella seguro que también lo hacéis con esta. Si no, mejor que ni intentéis verla, salvo que vuestra intención sea criticarla después aun sabiendo de entrada que no os va a gustar lo que veáis.

PD: por muchos palos que estén recibiendo por parte de algunos de los espectadores más ¿gafapastas? ¿intelectuales?, creo que estas dos películas son más dignas que muchos otros productos también financiados con subvenciones públicas. Sí, puede que técnica y artísticamente no sean casi nada, pero al menos son conscientes de ello y de lo que pueden ofrecer y no pretenden darse aires de grandeza. Por eso no me molestaría que hicieran una tercera parte, unos Ocho apellidos gallegos o algo parecido (de hecho ya aparece un personaje gallego aquí, el de Belén Cuesta, así que quizás no sea una idea tan disparatada). Tampoco somos el único país con películas así, basadas en los tópicos y los localismos, y en casi todas partes suelen funcionar tan bien en taquilla como “los apellidos” aquí. Así que algún mérito tendrán este tipo de comedias por simples que sean, no creo que su éxito se deba solo al “borreguismo social”… al menos creo que ese no es mi caso y he pasado unos buenos ratos viéndolas.

—Soy Roser, yaya-del-Pau.
—¿Rumana, a que sí? Lo he adivinado por el apellido…

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