Truman

TrumanPst.
Título original:
 Truman
Duración: 1hr 48mins
País:
 España
Año: 2015
Director: Cesc Gay
Guión: Cesc Gay, Tomàs Aragay
Reparto: Javier CámaraRicardo DarínDolores FonziOriol PlaElvira MínguezPedro CasablancEduard FernándezJosé Luis GómezÀlex BrendemühlJavier GutiérrezNathalie PozaSilvia AbascalFrancesc OrellaKira MiróSusi Sánchez
Género: Drama. Comedia.

Mi puntuación:  8 / 10
.

Trailer:

Tomás (Javier Cámara), un español que vive en Canadá desde hace mucho tiempo, viaja a Madrid para reencontrarse varios años después con Julián (Ricardo Darín), un viejo amigo de su juventud que padece un cáncer terminal. Dado el avanzado estado de la enfermedad, el reencuentro de los amigos tiene un claro aroma a despedida, pero ambos intentarán pasarlo lo mejor posible durante los pocos días que Tomás va a estar en la capital española.

Pese a que la historia se podría haber narrado como un dramón terrible (y quizás también hubiera sido una buena película de haber optado por ello), Cesc Gay prefiere no abusar de la tragedia y no mostrar los aspectos más duros de la enfermedad, adoptando un tono más ligero y agradable y salpicando el relato con toques de comedia que en ocasiones están cargados de ironía. La mezcla le sale prácticamente perfecta porque nunca es fácil lograr el equilibrio justo entre humor y seriedad al hablar de estos temas (enfermedades graves, cómo enfrentarse a la propia muerte, etc.), sin herir la sensibilidad de ningún posible espectador.

Pero lo consigue, y te conmueve sin abusar de efectismos (reconozco que en un par de escenas casi me han asomado las lágrimas, algo que no me suele pasar), te hacer reír en unas cuantas ocasiones pero sin «ofender» a nadie y además evitando caer en la parodia o el ridículo (salvo en una lamentable escena de sexo metida con calzador y que no aporta nada más que ver algo de carne o ni siquiera eso), y tanto la forma de afrontar la situación por parte de los distintos personajes como el propio desarrollo de los acontecimientos me han parecido muy razonables y bien llevados.

A pesar de que algunas de las pocas críticas negativas que he leído de la película afirmen que la relación entre Julián y Tomás no está bien desarrollada y parece poco realista, a mí sí que me ha resultado totalmente creíble. A partir de aquí a lo mejor caigo en SPOILERS para explicarme, aunque el propio trailer oficial ya da claras pistas de cómo se desarrollará la trama, pero si no la habéis visto quizás no queráis seguir leyendo y sea mejor que saltéis al último párrafo.

En mi opinión (porque, aunque no tenga ni mucho menos la edad de los protagonistas, me pasa con algunos colegas de toda la vida) cuando eres amigo de alguien desde hace tanto tiempo como los protagonistas del filme, aunque hayan pasado meses o incluso años desde vuestro último encuentro no es necesaria una larga conversación para «actualizarse» o «ponerse al día» de cómo está realmente cada uno, porque casi basta con mirarle a los ojos para saber cómo se encuentra y qué es lo que necesita. La silenciosa escena del reencuentro en la puerta de la casa de Julián muestra esto de forma sublime. Por eso entiendo la postura de Tomás: viaja desde Canadá a Madrid, aparte de por reencontrarse con Julián, con la intención inicial de hablar con él para ver si puede hacerle cambiar de parecer respecto a la decisión que ha tomado (no seguir con la quimioterapia), pero una vez allí no ve la manera de abordar el tema o, mejor dicho, no le encuentra el sentido a intentarlo porque conoce perfectamente a su amigo y sabe que no va a cambiar de idea. Es más, si trata de convencerle probablemente acaben discutiendo y enfadados sus últimos días juntos, así que ¿para qué caer en eso? Mejor acompañarle, escucharle si quiere hablar y respetar su silencio si no, y no juzgar su decisión sin intentar comprenderla primero, aunque no la comparta. Y como tampoco me parece que sea necesario estar «dándose abrazos» continuamente para demostrar el afecto que sientes o llorando sin parar para mostrar tu dolor, la despedida de ambos también me ha parecido completamente verosímil: breve pero intensa, con unas miradas que dicen todo lo necesario porque lo demás serían adornos que, sí, pueden estar bien, pero no hacen falta. Quizás este punto de vista se deba al ¿carácter norteño? que tengo, pero para mí la definición de amistad auténtica sería algo muy parecido a la que muestran Julián y Tomás.

Y también me ha parecido muy coherente la postura que adopta Julián sobre dejar de seguir luchando contra el cáncer, aunque ante una situación así cualquier reacción sería lógica y entendible. Pero en su caso, y como él dice, si va a morir de todas formas ya que la enfermedad ha avanzado tanto que es irreversible (otra cosa es que aún tuviera cura), ¿para qué pasar nuevamente por el tormento de tratamientos, quimioterapias y demás? ¿Por ganar unas semanas de vida, de las cuales la mitad del tiempo lo va a pasar entre hospitales o yendo de ellos a casa? Parece comprensible que prefiera pasar sus últimos días lo más «a gusto» posible, dentro del estado en que se encuentra, y seguir llevando una vida más o menos normal con su gente, su perro (el Truman del título, que también tiene un importante protagonismo en la historia) y sus pasiones.

No solo están bien mostradas las reacciones de ambos protagonistas ante la trágica situación de Julián, también la de su prima Paula (interpretada por Dolores Fonzi) parece razonable pese a ser mucho más vehemente, sentimental o por momentos casi «egoísta», o las de antiguos colegas o excompañeros de profesión con los que se cruzan los protagonistas durante esos días: algunos se sienten incómodos en presencia de Julián, otros muestran una pena sincera y sin condescendencia y otros se escudan en su enfermedad para alejarse de él, pero podemos, sino compartir, al menos entender todos estos comportamientos. Y el momento culminante del reencuentro con su hijo que está de Erasmus (Oriol Pla) también está perfectamente llevado (una vez más, ¿para qué hablar más de lo necesario cuando conoces al otro perfectamente y ya sabes lo que piensa y siente?).

Por todo ello, me ha parecido uno de los mejores retratos de la amistad que he visto en el cine, uno de los más sinceros y coherentes quizás debido a su sencillez y falta de artificios lacrimógenos innecesarios. Mucho mérito tiene Cesc Gay, que aquí firma el mejor trabajo de su carrera, aunque sin un par de actores tan enormes como Javier Cámara y, muy especialmente, Ricardo Darín, capaces de transmitir y provocar tantas emociones con unos simples gestos, actitudes o miradas, difícilmente podría haber sido tan buena. Pero ahí están, y ambos conforman una pareja de amigos ya inolvidable.

Cada uno se muere como puede.
.

5 espectadores han dejado su opinión

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.