A cambio de nada

CambioNpst.
Duración: 
1hr 33mins
País:
 España
Año: 2015
Director: Daniel Guzmán
Guión: Daniel Guzmán
Reparto: Miguel HerránAntonio BachillerFelipe VélezAntonia GuzmánLuis TosarMaría MiguelMiguel Rellán, Patricia SantosFernando AlbizuLuis ZaheraRoberto ÁlvarezÁlex Barahona
Género: Drama. Comedia.

Mi puntuación:  7 / 10
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Trailer:

Desde hace unos días ya podemos alquilar la cinta que ganó la Biznaga de Oro a la mejor película en el Festival de Málaga del pasado mes de abril, A cambio de nada. En dicho certamen, el actor Daniel Guzmán (cuyo papel más conocido seguramente sea el de Roberto en la serie Aquí no hay quien viva, pese a llevar más de 20 años apareciendo en la gran pantalla en películas como Éxtasis o A golpes, entre otras) logró convencer a gran parte de la crítica y del público en su primer trabajo largo tras las cámaras y, una vez vista, he de decir que estoy de acuerdo con los elogios que recibió.

Su historia la protagoniza Darío (Miguel Herrán), un adolescente que está sufriendo el tormentoso divorcio de sus padres (interpretados por Luis Tosar y María Miguel) y al que cada vez le motiva menos ir a clase y tener que estudiar para los exámenes del instituto. Todo va de mal en peor y su único apoyo es su vecino y gran amigo Luismi (Antonio Bachiller), así que que un día decide escaparse de casa y buscar trabajo en un taller, aunque pronto verá que esa vida de independencia tampoco es tan idílica como pensaba.

A priori el argumento no parece muy original, más bien al contrario. Y, de hecho, una vez superados los primeros minutos que sirven de presentación de todos los personajes parece que no vamos a ver más que otro drama sobre chavales de origen más bien humilde con problemas escolares y cuyos padres están intentando divorciarse. Pero, por fortuna, esto no es así y esa parte de la historia queda pronto relegada a un segundo plano, para centrarse más en la «búsqueda de identidad» del protagonista y también en su relación de amistad con su vecino de toda la vida.

Digo que por fortuna se centra más en esos aspectos que en el drama del divorcio porque eso es lo que la hace distinta de tantas otras cintas de «cine social» que ya hemos visto anteriormente. Y es que su principal punto fuerte es la naturalidad que desprenden los dos chavales, hablando y vacilándose como cualquier otro chico de su edad que podríamos encontrar en casi cualquier rincón de nuestro país, mediante unos diálogos absolutamente veraces y fluidos. Esto es un mérito importante, porque no son pocas las películas protagonizadas por adolescentes que terminan desaprovechando sus buenas ideas al presentar unas conversaciones forzadas e inverosímiles, interpretadas además de forma artificial. En este caso ocurre justo lo contrario y los novatos Antonio Bachiller y Miguel Herrán literalmente lo bordan (especialmente Miguel, que al interpretar al protagonista tiene ocasión de lucir más matices y ofrecer distintos registros, y vaya si lo hace), parecen colegas de verdad y representan con carisma y encanto a esos jóvenes que están en esa difícil época en la que ni son niños ni dejan de serlo, en la que no saben realmente lo que quieren hacer con su vida pero sí lo que no quieren hacer con ella (o, al menos, eso creen).

También es más que acertado el humor que impregna muchas de las situaciones haciendo que la dramática historia, por dura que sea a veces, no llegue a resultar abusiva y quede compensada con esos muchos momentos más simpáticos. En ese sentido me ha recordado un poco a la gran Barrio, de Fernando León de Aranoa, para mí la cumbre del «cine social» español protagonizado por adolescentes.

Evidentemente, no es una obra redonda y a ratos resulta un poco irregular, al enredarse en alguna subtrama que realmente no tiene gran influencia en el desarrollo de la historia principal (como la de la abuela «anticuaria»), aunque sirva para que conozcamos aún mejor cómo es en verdad el protagonista y cuáles son sus sentimientos, o al meterse en algunas situaciones un tanto exageradas que contrastan con la veracidad del resto del relato. Y su final quizás sea demasiado amable, pero bueno, al ser así terminas de verla con mejor humor y un buen sabor de boca, así que esto no es un realmente un problema.

En definitiva, a día de hoy es lo mejor que he visto del cine español producido en este 2015 (aunque se supone que los mejores estrenos nacionales aún están por llegar). No es que sea una cinta excesivamente original ni que nos haga pensar muy en profundidad acerca de la juventud, de la amistad y la lealtad, del trauma que puede suponer un divorcio para un adolescente o del resto de temas que aborda, pero sí que es una propuesta entretenidísima, capaz incluso de ser emocionante (y de emocionar) en algunos momentos y que destaca, sobre todo, por la sencillez con la que muestra una relación de amistad de dos chavales de hoy en día. Esa sencillez es lo que la hace parecer tan sincera y lo que permite que empaticemos completamente con los jóvenes protagonistas (aunque eso no quiera decir que todas sus acciones nos parezcan buenas, claro).

Así que ojalá Daniel Guzmán siga por este camino porque, para ser su primer trabajo como director y su primera incursión como guionista de un largometraje, muestra que sabe cómo narrar una historia y cómo hacerla cercana para el público, cosa que algunos que llevan años dedicándose a esto del cine aún no han logrado. E incluso da el tipo en las siempre difíciles secuencias de acción, como la del metro o la de la persecución en la furgoneta.

PD: otro punto a su favor, esto ya en plan anecdótico, es el haber elegido como canción de los créditos finales uno de los himnos del punk-rock nacional, el Ellos dicen mierda de La Polla Records. Y es que su letra bien podría hablar del futuro de los dos protagonistas… y nada, nada que agradecer… ellos dicen mierda y nosotros amén (amén… ¿amén?… ¡amén-udo llueve!).

Ahora hay mucho adelanto y mucha comodidad, pero la convivencia de antes era mucho mejor.
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