El puente

DieBruckePst.
Título original:
 Die brücke
Duración: 1hr 39mins
País:
antigua República Federal Alemana (RFA)
Año: 1959
Director: Bernhard Wicki
Guión: Michael MansfeldKarl-Wilhelm VivierBernhard Wicki
Reparto: Folker BohnetFritz WepperGünther HoffmannMichael HinzFrank GlaubrechtKarl Michael BalzerVolker LechtenbrinkCordula TrantowWolfgang StumpfGünter PfitzmannEdith Schultze-WestrumEva Vaitl
Género: Bélico. Drama.

Mi puntuación:  8,5 / 10
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Alemania, año 1945. Poco antes de concluir la Segunda Guerra Mundial, el ejército germano se ve obligado a reclutar soldados cada vez más jóvenes para intentar resistir lo máximo posible antes de ser derrotados finalmente por los Aliados. Entre estos nuevos militares se encuentran siete chicos de apenas dieciséis años que provienen de un mismo pueblo, a quienes se les encomienda una tarea sin mucha importancia: defender un viejo puente, el cual conocen a la perfección ya que se encuentra a las afueras de su propio pueblo. Pero los chavales llevarán a cabo su misión con mucho más coraje y seriedad de lo esperado por sus oficiales.

La Segunda Guerra Mundial se ha retratado pocas veces en el cine desde el punto de vista del bando perdedor y menos aún en la época en la que se rodó esta película (probablemente, fuera la primera en “atreverse” a hacerlo), así que solo por ello ya merece la pena verla. Y, si a estas alturas alguien todavía cree que en una guerra hay buenos y malos, aquí tiene un perfecto ejemplo de que el ejército nazi estaba compuesto por personas normales y corrientes con sus virtudes y defectos, no por asesinos sin escrúpulos o algo parecido. Bernhard Wicki se toma su tiempo para que esto quede bien claro, enseñándonos en el largo y tranquilo arranque del filme cómo era la vida de los chicos protagonistas antes de alistarse como soldados. Chicos de distinta procedencia y clase social pero buenos compañeros de clase, con sus ilusiones, sus bromas, sus primeros escarceos con chicas… y sus sueños.

Sueños entre los que cada vez cobraba más fuerza el de vestir el uniforme y defender a su querida patria con honor y valentía, tal como les enseñaba la propaganda nazi. En su ingenuidad se veían acudiendo al frente, luchando y venciendo a todos sus enemigos y regresando a casa como auténticos héroes. Por eso, cuando ya siendo soldados les asignan una misión sencilla dada su inexperiencia y juventud, en lugar de alegrarse por ello casi se sienten indignados por el hecho de que les traten como a chiquillos.

Pero a pesar de eso, están totalmente entregados a su deber por simple que sea, así que se emplearán a fondo para cumplir con la tarea que se les ha asignado. Incluso cuando las cosas se tuercen y la simple misión se complica hasta el extremo de verse enfrentados a varios tanques de los Aliados, los chicos siguen aguantando y en ningún momento piensan en abandonar su posición. Lo paradójico es que, mientras ellos resisten como (absurdos) valientes, los oficiales tienen otros planes y rehuyen el enfrentamiento directo con el ejército Aliado. Un claro ejemplo del sinsentido de muchas de las distintas ¿misiones? bélicas encomendadas a soldados rasos que pierden la vida por nada mientras los altos cargos se mantienen a salvo.

La película consigue que te impliques completamente con los chavales, especialmente cuando ya forman parte del ejército alemán. Sufres con su desesperación al ver caer a alguno de sus amigos, te cabreas por el pasotismo de los adultos que se dan ya por vencidos dejando a los chicos vendidos a su suerte y maldices el cruel destino que les espera a esos pobres muchachos, pero también admiras su insensato arrojo y su tenacidad para mantenerse firmes aunque la situación a la que se enfrentan sea terrible. Y el desolador final te deja clavado en el sillón una vez terminado el filme. Tristísimo, durísimo pero, por desgracia, absolutamente creíble, porque seguro que hubo casos similares en aquella guerra. Bueno, o en casi todas porque, lamentablemente, siempre ha habido niños soldado. Y, si ya da pena ver cómo adultos mueren así, ver cómo lo hacen unos chicos que apenas saben qué es la vida es realmente trágico e indignante.

Además, a pesar de estar rodada con muy pocos medios (recordemos que eran tiempos de posguerra en Alemania, así que producir cine no era algo priotario), lo cual hace que los “efectos especiales” no estén muy logrados y que en algunos aspectos se note demasiado que “es una película”, las escenas de acción resultan convincentes y suficientemente tensas. Vamos, que no solo funciona a la perfección como un sobrecogedor drama, también es más que aceptable como filme bélico propiamente dicho. La espléndida secuencia del joven que ataca a un tanque desde el interior de un edificio es una gran muestra de ello.

Me alegra comprobar que una película como esta ganase un Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa y estuviese nominada al Oscar de esa misma categoría, además de llevarse la Espiga de Plata de la Seminci pucelana en 1960 y muchos otros reconocimientos por todo el mundo. Y es que filmes así son más que necesarios, por muy crudos que sean y por muy amarga que sea la realidad que muestran.

Por cierto, su cartel me parece sublime: muestra las dos caras de uno de los protagonistas de forma que a la izquierda le vemos como un adolescente más (la parte luminosa y repleta de color, representando que tiene toda la vida por delante) y a la derecha como un joven soldado (la parte oscura y sin color alguno porque su destino está funestamente sellado). Resume lo que nos quiere decir Wicki en su película muchísimo mejor que todo lo que he escrito, es un claro ejemplo de que una imagen vale más que mil palabras.

Es muy bonito jugar a ser héroes…

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