Roma

RomePostTítulo original: Rome
País: 
Estados Unidos
Duración: 2 temporadas, 22 capítulos (55 mins. aprox. cada uno)
Años: 2005 – 2007
Creadores: John MiliusBruno Heller, William J. MacDonald
Directores: Michael AptedTimothy Van PattenCarl Franklin y otros
Reparto: Kevin McKiddRay StevensonPolly WalkerJames PurefoyCiarán HindsLindsay DuncanKerry CondonKenneth CranhamMax PirkisSimon WoodsTobias MenziesLyndsey MarshalDavid BamberIndira VarmaCoral AmigaAllen LeechMichael NardoneLee BoardmanChiara MastalliZuleikha RobinsonNicholas WoodesonGuy Henry, Karl JohnsonRick Warden
Género: Drama. Histórico.
Mi puntuación:  8,5 / 10
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Canción de los títulos de crédito iniciales, compuesta por Jeff Beal:

Comienzo el año bloguero dejando el cine a un lado para hablar de una de mis series de televisión favoritas. Coproducida en 2005 por la HBO (que poco antes había tocado la «gloria» con Los Soprano y A dos metros bajo tierra) junto a la RAI y la BBC, nos transporta a la época en la que Roma era la República más poderosa y sólida del mundo. Al menos en apariencia, ya que en realidad había era una latente tensión entre el cónsul Pompeyo (que contaba con el apoyo de los privilegiados patricios) y el general Julio César (que tenía a su favor al pueblo). Es decir, estaba a punto de producirse el cambio que haría que Roma pasase a ser un Imperio en el que el poder recayese casi exclusivamente en un solo emperador y no en varios hombres como sucedía hasta entonces.

Este importante acontecimiento histórico es narrado aquí desde el punto de vista de dos soldados romanos normales y corrientes de la temible XIII Legión, los únicos que fueron nombrados por Julio César en sus libros: el centurión Lucio Voreno (Kevin McKidd) y el legionario Tito Pullo (Ray Stevenson). El azar y la fortuna, o los guionistas mejor dicho, los irán colocando en todos los puntos clave para que podamos ver cómo se desarrolló esa lucha de clases intestina que supuso el fin de la República romana, y asistiremos así a un interminable desfile de personajes históricos (los mentados Julio César y Pompeyo, Marco Antonio, el joven Octavio Augusto, CleopatraCicerón, Bruto, Vercingétorix y muchos más) que nos dará una buena idea de cuál era la personalidad de cada uno de ellos.

Evidentemente, sus creadores se tomaron alguna que otra licencia histórica en pos de aumentar el entretenimiento y facilitar el desarrollo de la trama, aunque los expertos en la materia afirman que probablemente sea la ficción más fidedigna y mejor documentada que jamás se ha realizado sobre la sociedad romana de la época. Tanto por la forma en que nos muestra los acontecimientos como por la ambientación y caracterización de los personajes, todo transmite una gran sensación de realismo. El hecho de estar rodada en la propia Roma y sus alrededores (incluidos los famosos y enormes estudios Cinecittà), contando con la presencia de cientos de extras italianos, puede haber tenido mucho que ver en ello.

Lo mejor es que el ser una «lección de Historia» no le resta capacidad para entretener y enganchar a los espectadores. Sus dos protagonistas, con dos personalidades totalmente distintas entre sí (Lucio es un tipo sobrio, serio y legal hasta un punto casi absurdo, mientras que Pullo es un personaje más divertido, bonachón y vividor), dan un juego tremendo y a través de sus conversaciones (en algunas ocasiones, totalmente desternillantes) podremos comprender cómo pensaba gran parte de la gente de aquella época, cuáles eran sus costumbres o cómo vivía una familia cualquiera, ya fuese normal y corriente o de la élite adinerada. Además, cuando aborda cuestiones políticas también resulta francamente amena, y es que nunca un debate de un senado será tan interesante (y peligroso) como en esta serie ni una simple cena con invitados será tan decisiva para el devenir de un pueblo, aunque en ella no se hayan pronunciado más que buenas palabras. Por otra parte, las escenas de batallas son pocas y breves pero exponen a la perfección las excelentes estrategias militares romanas.

Si a la atractiva historia, la espectacular ambientación y los carismáticos personajes les sumamos algunos de los ingredientes típicos de cualquier serie de la HBO (calidad de la puesta en escena, cuidado hasta en el más mínimo detalle, multitud de subtramas que se cruzan, diálogos densos, violencia y sexo en su justa medida aunque sin cortarse a la hora de mostrarlo, ausencia de personajes completamente «buenos» o «malos», etc.) estamos ante un producto prácticamente impecable. Digo prácticamente porque ciertos tramos de algunos capítulos se me han hecho un tanto pesados y otras historias secundarias me han parecido algo repetitivas (los dramas familiares de Lucio Voreno, por ejemplo). Pero salvo estos dos inconvenientes, en los que casi cualquier serie de más de una temporada caerá irremediablemente por muy buena que sea, no se le puede poner pega alguna.

Y no puedo dejar de mencionar a los actores porque, como suele ser habitual en las producciones de la HBO, jamás he visto a ninguno de ellos rayar a tan alto nivel como aquí en el resto de películas o series en las que han participado. Haga lo que haga en el futuro, Kevin McKidd siempre será para mí Lucio Voreno, aunque Ray Stevenson consigue resultar más natural y entrañable que él en su papel de Tito Pullo (quizás más «fácil» de interpretar por ser un personaje más simpático). Por su parte, James Purefoy es, con permiso de Marlon Brando, el Marco Aurelio más perfecto que jamás podremos ver en pantalla: brutal y aterrador en ocasiones, cariñoso a su manera en otras, leal y bravucón siempre. Ciarán Hinds es capaz de transmitir la magnanimidad, la inteligencia, el carisma y la altanería que supongo que casi todos asociamos a la figura de Julio César, y las féminas no están ni mucho menos por debajo de tales nombres aunque interpreten a personajes menos «importantes». Lo pongo entre comillas porque, como también suele ser habitual en las series de la prestigiosa cadena americana, las protagonistas femeninas están perfectamente escritas y cuentan con personalidades totalmente complejas y enrevesadas, lejos de ser meros «adornos» aunque los libros de historia hablen poco de ellas. La voluptuosa Polly Walker se lleva la palma realizando la que probablemente sea la actuación más memorable de todas en su papel de la patricia Atia, una mujer en apariencia fuerte, engreída y astuta, capaz de conseguir siempre lo que quiere y de manipular a los hombres casi a su antojo pero que en el fondo es frágil e insegura como pocas. En definitiva, la labor del reparto al completo y de los responsables del casting merecería una placa conmemorativa al lado del Coliseo.

Así que si os queréis enganchar a alguna serie de calidad contrastada, que os entretenga de forma inteligente, no muy larga (solo 22 episodios) y que ya haya terminado para no tener que soportar los malditos eternos parones entre temporadas, Roma es una apuesta segura. Y, si además os gusta la historia, ya pasa a ser un visionado imprescindible para vosotros.

Esos dos tienen a los Dioses de su lado. Y yo jamás mataría a alguien que cuente con tan poderosos amigos.

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