La vida de Adèle

VieAdelePost.
Título 
original: La vie d’Adèle (Chapitres 1 & 2)
Duración: 2 hr 58 mins
País: Francia
Año: 2013
Director: Abdel Kechiche
Guión: Abdel KechicheGhalia Lacroix
Reparto: Adèle ExarchopoulosLéa SeydouxJérémie LaheurteBenjamin SiksouAurélien RecoingCatherine SaléeAnne LoiretBenoît PilotSalim KechioucheMona WalravensStéphane MercoyrolSandor FuntekAlma JodorowskyFanny MaurinMaelys Cabezon
Género: Drama. Romántica.

Web oficial: http://laviedadele-lefilm.com/

Cartelera y entradas: en este enlace de Sensacine

Mi puntuación:   9 / 10

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Trailer subtitulado en español:

Ayer por fin pude ver en el cine una película que llevaba esperando desde el pasado mes de mayo, cuando se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes cosechando muy buenas críticas y elogios. Aunque también generó bastante polémica, principalmente por sus escenas de sexo. Escenas que sí, son muy explícitas, pero a mí no me han parecido ni de mal gusto ni excesivas (realmente solo son tres o cuatro secuencias, si no recuerdo mal). Pero bueno, es evidente que aún en pleno siglo XXI sigue siendo más chocante ver a dos personas desnudas acariciándose (y si son del mismo sexo, ya es el súmmum de la provocación) que armadas hasta los dientes y dándose mamporros hasta morir, algo difícil de comprender por mucho que las escenas de «cama» sean reales y las de violencia sean simuladas (eso es un dilema moral para los intérpretes, el aceptar rodarlas o no, pero a los espectadores no nos tendría que escandalizar ver desnudos en la pantalla… siempre que tengan sentido dentro de la historia, por supuesto).

Después de estas divagaciones mías vamos a lo que interesa, la película. Se trata de una adaptación de un cómic de la joven Julie Maroh (El azul es un color cálido), que narra la vida de una joven francesa llamada Adèle (sorprendente viendo su título, ¿no?) durante la que suele ser la época más confusa de la mayoría de los humanos, esa en la que se entra en la vida adulta pero sin dejar del todo la adolescencia. En esa etapa en la que la personalidad aún no está del todo definida, las ideas que un día parecen lógicas e irrebatibles al siguiente se tambalean ante cualquier acontecimiento. Y eso es lo que le ocurre a la protagonista cuando su vida se cruza con la de Emma, una joven «marimacho» (como la llaman los amigos de Adèle al verla) que luce un llamativo pelo de color azul, por la que siente una repentina atracción que le hace cuestionarse su orientación sexual.

Seguro que con estos apuntes alguno ya está pensando que se trata de la típica película «de lesbianas» o «de gays» que busca denunciar las injusticias y discriminaciones que sufren los homosexuales, algo que ya nos han narrado con mayor o menor pericia en un buen puñado de películas. Pero nada más lejos de la realidad porque esos asuntos, aunque también están expuestos en algunos momentos del filme  (de manera muy veraz, por cierto), quedan relegados a un total segundo plano ante el objetivo principal del director y los guionistas: mostrarnos la primera relación amorosa seria entre dos jóvenes y cómo esa relación marcará el resto de sus vidas, de una u otra forma y en mayor o menor medida.

La relación sentimental entre Adèle y Emma es, por tanto, su tema central y no el hecho de que sean lesbianas. Dicha relación está mostrada de forma natural, sencilla y realista, y será fácil para el espectador identificarse con las protagonistas ya que el vaivén de sensaciones que ambas viven lo ha «probado» casi todo el mundo alguna vez en su vida. Podremos presenciar ese sentimiento de casi euforia cuando todo marcha bien pero también el desconcierto que se sufre cuando algo se tuerce sin saber muy bien ni cómo ni por qué, sin olvidar el miedo a la pérdida pero también la impresión de poder con todo teniendo a alguien a tu lado. Y si a ello le sumamos la curiosidad, las ganas de experimentar y la inexperiencia de quien apenas tiene 18 años, el resultado que tendremos es una historia emotiva, apasionada y en la que es prácticamente imposible no involucrarse. Historia que va creciendo con el paso de los minutos a medida que lo hace la relación y maduran los personajes, hasta desembocar en un final que me ha parecido perfecto y totalmente alejado de cualquier tipo de clichés del cine romántico. Y en la que el sexo tiene una transcendencia vital, ya que la historia de amor que viven estas jóvenes nunca podría haberse dado sin el ardiente deseo que ambas sienten entre ellas. Vamos, que el dicho (indio, creo) aquel de «cásate con alguien con quien te guste conversar» aquí no tiene sentido alguno, como en tantas otras relaciones entre (casi) veinteañeros (también en relaciones más maduras, claro, pero con menos frecuencia).

Otra de las cosas que pueden echar para atrás a cierta gente a la hora de verla es su duración, de prácticamente tres horas. Yo últimamente estoy cogiendo la malísima manía de mirar la hora cada cierto tiempo (¡malditos móviles!), vea lo que vea, me esté gustando o no y dure mucho o dure poco. Pues bien, ayer solo la miré una vez y cuando ya habíamos sobrepasado las dos horas y cuarto de película, así que esto demuestra que para nada se hace larga y, lo que es aún mejor, que siempre te mantiene atento a la pantalla sin que el interés decaiga en ningún momento.

A ello contribuyen las dos espléndidas actrices que dan vida a las protagonistas. Su mayor mérito no es soportar perfectamente los numerosos primeros planos que vemos en la película, ni interpretar de maravilla las siempre difíciles e incómodas escenas de sexo, sino dotar a sus personajes de vida propia, de chispa, de alma, de personalidad. Léa Seydoux aporta a «su» Emma, al principio de la historia, un fascinante aura de misterio, para luego irse desvelando como una chica firme y con principios, absolutamente convencida de su condición homosexual y con las ideas bastante claras. Podríamos decir que es la parte más sensata de la relación, aunque también sea impetuosa entre las sábanas.
Pero, en mi opinión, la gran revelación es Adèle Exarchopoulos. Hacía tiempo que no veía una actuación tan sincera, tan espontánea, tan creíble y de tanto aplomo en una actriz tan joven (19 añitos tiene). Sus llantos te conmueven y sus sonrisas hacen que tú esboces otra a la vez, y eso solo se consigue con tanta facilidad teniendo toneladas de carisma y de talento. Esa mezcla entre aparente timidez, ilusión y pasión que desprende «su» Adèle es algo francamente difícil de conjugar y ella lo consigue de forma aparentemente sencilla. Puede que suene a exageración, pero es la mejor actuación femenina que he visto en lo que va de año. Y de lejos.

No es perfecta porque hay alguna secuencia que me chirría un poco (ciertas cosas de la escena del restaurante, por ejemplo) o ciertos elementos del guión muy dejados al factor «casualidad», pero me ha parecido un excelente drama, clara aspirante al «título» de mejor película europea de 2013. Y cuanto más lo pienso, más sólida me parece, así que puede que con futuros visionados la nota que le he dado suba un poco. Quizás no guste a todos por igual, lógicamente, pero veo difícil que haya alguien que al terminar de verla se quede con la sensación de haber perdido tres horas de su vida. Así que si no sabéis que ver en el cine estos días, por mi parte ya sabéis… y eso que tiene la dura competencia de dos películas tan notables como Prisioneros o Gravity. Pero ésta está un peldaño por encima de ellas, me ha parecido más memorable, por así decirlo.

El amor no tiene sexo, encuentra a alguien que te quiera y disfruta de tu felicidad. ¿Qué nos importa a los demás, si al fin y al cabo solo estamos aquí de paso?

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