La mejor juventud

LaMeglioGioventu.
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Título 
original: La meglio gioventú
Duración: 5 hrs 54 mins (en 2 actos)
País: Italia
Año: 2003
Director: Marco Tullio Giordana
Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli
Reparto: Luigi Lo CascioAlessio BoniJasmine TrincaAdriana Asti,  Andrea TidonaSonia BergamascoFabrizio GifuniClaudio GioèValentina CarneluttiLidia VitaleMaya SansaCamilla Filippi, Greta CavuotiGiovanni ScifoniPaolo BonanniRiccardo Scamarcio, Francesco La Macchia
Género: Drama.

Mi puntuación:   10 / 10
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Trailer (en italiano):

Si me preguntasen por mi película italiana favorita seguramente diría que es La mejor juventud. Y también es probable que mi interlocutor(a) exclamase “¿¡cuál!?”, ya que es relativamente poco conocida al no ser un largometraje al uso, sino concebido para ser emitido directamente en televisión en cuatro partes. Curiosamente, a pesar de tener este formato fue exhibida en el Festival de Cannes de 2003, en el que además se alzó con el premio Un certain regard, y terminó proyectándose en las salas de cine en dos actos de casi tres horas de duración cada uno.

Teniendo un metraje tan largo (unas seis horas en total) es difícil resumir su trama en un solo párrafo, pero podemos decir que básicamente es el retrato de una familia italiana más o menos típica de la segunda mitad del siglo XX, los Carati. El foco se centra principalmente en las andanzas de los dos hijos varones, Nicola (interpretado por Luigi Lo Cascio) y Matteo (al que da vida Alessio Boni), y los hechos narrados se desarrollan durante más de cuatro décadas, desde que ambos están a punto de ingresar en la Universidad, en los años 60, hasta comienzos del nuevo milenio.

A través de las vivencias de los protagonistas, la película repasa casi todos los acontecimientos sociales y/o políticos más relevantes de la Italia de esos años. La gran inundación de Florencia en 1966, los primeros pasos de las Brigadas Rojas a principios de los 70, las revueltas estudiantiles de Turín en 1974, los despidos masivos de la Fiat recién comenzados los 80 o el asesinato del juez Falcone a manos de la Mafia siciliana en los 90 son solo algunos de los destacados sucesos que veremos. Aprovechando esta coyuntura, la cinta dirigida por Marco Tullio Giordana tampoco se olvida de denunciar las brutales prácticas que tenían lugar en los sanatorios mentales de la época, mediante la subtrama protagonizada por la entrañable Giorgia (Jasmine Trinca), en la que veremos el horror de la ¿terapia? de los electroshocks o de los encierros que sufrían los pacientes (en casos extremos, incluso les mantenían atados a las camas durante meses). Entre todo ello hay sitio incluso para el fútbol, ya que podremos “asistir” a dos momentos trascendentales en la historia de la selección azzurra: uno vergonzoso (la derrota frente a Corea del Norte en el Mundial de Inglaterra ’66) y otro glorioso (el triunfo en la Final del Mundial de España ’82).

La película no solo nos muestra estos hechos sin más, sino que también expone las diferentes formas de pensar o incluso de vivir en las distintas zonas de Italia, con los grandes contrastes que podemos apreciar gracias a que la historia nos lleva por lugares tan dispares como Roma, Florencia, Turín o Palermo. El ajetreo de las grandes urbes choca totalmente con la vida más relajada del sur del país, al igual que lo hacen los paisajes (no hay más que comparar el gris de Turín con la idílica costa siciliana o con las verdes colinas de la Toscana).

Pero ante todo, este ambicioso proyecto no es ni más ni menos que una perfecta radiografía de lo que es la vida humana. En ella se suceden amistades, amores, desamores, encuentros, desencuentros, problemas, oportunidades, llantos, idas y venidas. Hay momentos para la ilusión y el entusiasmo pero también para sentirse desorientado y sin rumbo. O indignado. O alegre. O para sufrir por el dolor que produce la pérdida de un ser querido. O por amor. Y en donde también tienen cabida la inocencia, la tristeza, la belleza, la cobardía, el valor, la esperanza, la traición, el escepticismo… prácticamente todos los estados de ánimo y sentimientos por los que puede pasar una persona durante su existencia. Aunque yo diría que el que al final se impone sobre todo los demás es el optimismo… pero moderado y no exento de cierta melancolía. Porque pase lo que pase, la vida seguirá su curso y en ella habrá hueco para nuevas ilusiones y grandes personas que conocer, pero siempre con un punto de resignación y con mucha menos euforia a medida que pasan los años y crecen en número los palos recibidos. El ejemplo más claro de este “mensaje” es la conversación que destaco al final de la entrada, que mantienen Nicola y su hermana mayor tras haber sufrido una impactante tragedia familiar.

Por todo ello es imposible no sentirse identificado con alguna de las situaciones que vemos o con alguno de sus protagonistas. Porque ese es otro de sus aciertos, el ser capaz de mostrar un amplio abanico de caracteres distintos sin que ninguno caiga en el estereotipo. Cada uno de los personajes tiene una personalidad muy bien dibujada y unos rasgos que les diferencian claramente de los demás, sobre todo los dos hermanos que, como se comenta varias veces durante el filme, no se parecen en nada: mientras Nicola es extrovertido y más bien alegre aunque siempre desde una base racional, Matteo es introvertido y lidia constantemente con un gran e inexplicable tormento interior que le hace actuar en ocasiones de forma demasiado impulsiva. Junto a ellos destacan la vitalidad del padre, la dignidad de la madre, la firmeza de la hermana mayor, la jovialidad de la hermana menor (y del resto de personajes jóvenes que van apareciendo), la inocencia de la ya mencionada Giorgia o el coraje de los dos mejores amigos de Nicola, por citar algunos ejemplos.

Además, otro factor decisivo para que todos los personajes resulten tan reales, tan humanos y cercanos, es que su mentalidad o manera de ver las cosas evolucionan con el paso de los años, no se mantienen estancados y el idealismo juvenil va desapareciendo poco a poco para dejar paso a pensamientos más realistas. No hay más que ver a qué se terminan dedicando en su vida adulta algunos de los personajes que en su juventud proclamaban ideas libertarias: uno ingresa en la policía, otro es directivo de un importante banco y otro se hace psiquiatra pese a que en su época universitaria renegaba de ellos. Algo lógico y que tarde o temprano nos sucede(rá) a la mayoría.

Este amplio abanico de personajes está interpretado a la perfección por todos los actores, desde los niños hasta los veteranos. Quizás reforzó esta sensación el hecho de que la primera vez que la vi me eran totalmente desconocidos, pero la naturalidad que desprenden en todo momento creo que es insuperable. El que se llevó más elogios y nominaciones a premios fue Luigi Lo Cascio, pero la actuación de Alessio Boni me pareció aún más fascinante (puede que porque su personaje es más complejo o porque me siento más identificado con él en algunos aspectos). También podríamos alabar el buen trabajo de Adriana Asti como sufrida madre (su mirada en la segunda mitad de la película es desarmante, cuánta tristeza transmite en muchos momentos como sincera alegría en otros) o el de la guapísima Maya Sansa aportando algo de luz a la vida de la familia, aunque la que sin duda se gana al público con el encanto que aporta a su inocente y maltratado personaje es Jasmine Trinca.

La ambientación está bastante cuidada, así como el vestuario (es fácil apreciar cómo evoluciona la manera de vestir según avanzan los años y las modas), y el maquillaje también es más o menos convincente, aunque en algunos personajes esté más logrado que en otros (hay quien parece prácticamente el mismo al principio que al final de la película, por mucho que hayan transcurrido cuatro décadas). Y mención aparte para el apartado musical, totalmente acertado ya desde los créditos iniciales en los que suena el mítico House of the rising sun de The Animals (que, curiosamente, también podemos escuchar en la anterior película del director milanés, Los cien pasos, ya comentada en una entrada anterior). Aunque la canción de la película es sin duda el A chi de Fausto Leali, que Giorgia pide a Matteo que ponga en la gramola en una de las escenas más significativas de la película.

Es cierto que su ritmo sufre algún altibajo, pero que en casi 6 horas de duración la gran mayoría del tiempo estén sucediendo cosas (y sin forzar los acontecimientos) es realmente encomiable. También puede que haya quien le achaque cierto deje “telenovelesco”, sobre todo en su tramo final, o quien vea difícilmente creíble que en una familia normal pasen tal cantidad de cosas. Puede que sea así, pero no hay que olvidar que se trata de una historia de ficción cuyo objetivo es exponer una parte de la historia italiana mientras perfila cómo es la vida humana en general, obteniendo como resultado una convincente mezcla de realidad e invención gracias a un guión bien hilado.

Por eso, y partiendo de la base de que la perfección no existe, se lleva mi 10. Y es que cuando una película te hace reír y llorar (literalmente), o logra alegrarte por las cosas buenas que les suceden a los protagonistas y estremecerte ante las desgracias que sufren de una forma tan franca y creíble como lo logra esta (por ejemplo, y si no me falla la memoria, jamás he visto una escena de suicidio en el cine tan natural como una que vemos aquí), o, en definitiva, conmoverte y sentir, pues nada más se le puede pedir. Sacad tiempo de donde sea, vedla en 2 partes, en 3 o en 4… pero vedla porque os marcará, estoy casi convencido al 100% de ello.

—Todavía tengo aquella postal que me mandaste en el 66 durante tu viaje al Cabo Norte. Estaba escrita en noruego y debajo, en la traducción, ponías ‘Todo cuanto existe es hermoso’ con tres signos de exclamación. ¿Sigues creyendo en eso?
—No, en los signos de exclamación ya no.

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